Nacimiento Lotus

Por qué decidí no cortar el cordón umbilical del bebé y esperar a que se desprendiera por sí mismo…

Recuerdo en mi primer parto, en casa, el bebé ya había nacido y su padre se disponía a coger las tijeras para cortar el cordón. Mi corazón latía más intensamente y vi paso a paso cómo cortaba ese hilo que nos había unido durante 9 meses… Sentí una punzada, una sensación por todo el cuerpo que decía: no, así no! Una sensación muy física, de rechazo, de espeluzne. Pero mi mente no supo procesar ni entender ese mensaje de mi cuerpo.

A mi segundo hijo le volvimos a cortar el cordón, yo sabía, sin ser muy consciente hasta el momento clave, supe que lo iba a pasar mal… esta vez no quise mirar, pero la sensación del cuerpo fue la misma, justo en el momento en que cortaba, no muy evidente, pero lo suficientemente como para poner atención racional a esta sensación.

Dias más tarde, tan sólo unos dias más tarde, descubrí que hay una manera de acompañar la separación del bebé y su placenta más respetuosa, más lenta, o sencillamente diferente… El nacimiento lotus.

El nacimiento Lotus es una manera de acompañar la separación que espera a que el bebé, desde su cuerpo, decida cuando desprenderse de su placenta, de su cordón, el hilo de vida que lo ha alimentado, oxigenado y nutrido a muchos niveles durante la gestación. No cortamos, ni quemamos el cordón, simplemente esperamos a que el ombligo suelte el cordón, se desperenda.

Con mi tercer hijo lo hicimos así! Tenía claro que el momento incómodo, incluso sutilmente doloroso que había vivido no lo quería repetir, así que esta vez la separación no iba a ser cortando.

Fue una experiencia mágica!

No cortamos. Limpiamos, cuidamos y respetamos la placenta y el cordón hasta que Auró con su manita, a los 2 dias y medio de nacer, la apartó de su ombligo con un gesto muy suave.

Fue maravilloso presenciar cómo él apartaba el cordón seco, rígido, de su ombligo.

Mi mente me decía: fue casualidad, en un gesto involuntario lo estiró y ya, o me decía: quizás tendría que haber vigilado y a lo mejor era pronto y se lo ha arrancado… Pero no! Aunque mi mente recional, masculina y condicionada diga lo que diga, sé que él decidió el momento de soltar su placenta, y dejar atrás su vida intrauterina. Con respeto, con amor, en el momento que estuvo preparado para hacerlo.

Los dos días con bebé y placenta unidos fueron más fáciles de lo que la mente prevee, de hecho me ayudó a guardar más reposo, a no moverme tanto, y a estar más presente. Pude comprobar que la unión entre ellos sigue viva aunque el cordón ya tenga un color gris y se haya secado y rigidizado… Sin querer di algun golpe a la placenta, sin tocar al bebé, y el bebé se sobresaltaba, acariciaba la placenta envuelta en algodón y el bebé se relajaba. Eran todavía uno!

Me sentí muy cómoda con el hecho de compartir espacio físico el bebé, la placenta y yo, de buscar el lugar para ella, de movernos los tres… así había sido durante el embarazo y ahora tocaba separarse pero poco a poco, siguiendo el ritmo natural de la vida y sus procesos.

Siento que mi tercer hijo tuvo una entrada a la vida terrenal más suave, más lenta, sin prisas, más respetada, ofreciéndole desde el principio la oportunidad de decidir, a través de su cuerpo, cuando  y cómo traspasar de una etapa a otra.

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Mucha gente al explicarles esta experiencia busca los beneficios físicos, psicológicos, etc de esta manera de nacer, muchas personas me dicen que es una locura a nivel logístico, otras lo sienten raro, inecesario… y todas las maneras de verlo me parecen válidas.

Nunca busqué los beneficios, nunca pensé en la logística de los primeros dias con bebé y placenta, simplemente lo sentí, sentí cómo no quería y me llegó la manera que me hizo sentir cómoda en la experiencia.

Las mujeres y más si están embarazadas, tenemos eso, esa intución del cuerpo que nos guía en que sí y cómo no… pero vivimos en un mundo de lógica estructurada y razonamiento cuadriculado y buscamos explicar lo que sentimos, lo que nos nace y lo que creemos en ese espacio, muchas veces dándonos por vencidas por el camino, aceptando prácticas que no nos convencen pero que no sabemos revatirlas… y cada vez más pienso que no hay palabras, razones ni argumentos que sirvan, tendremos que buscar otra manera de expresarlo y defenderlo, de llevarlo a cabo y vivirlo libremente, sin jucicio, sin expectativa, sin miedo.

Con este bebé intentaremos hacerlo de la misma forma, pero ya sabemos que ellxs eligen cómo nacen y cómo llegan a la Tierra… Así que nos abrimos, una vez más, y dejamos de controlar para que nustrxs hijxs vivan cómo son y cómo necesitan.

 

Si quereis más información sobre el tema:
La placenta. El chakra olvidado. Robin Lim.
http://www.placentama.com

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