Ya…

Me contaban ayer de una escena en que una mamá intentaba que su hijx se pusiera la chaqueta, no quería, ella consideraba que se la tenía que poner, pero se resistía de todas las formas hasta que ella, rodeada de familias y otros niñxs, le obligaba físicamente, su hijx se resistía desde la rigidez y ella conseguía doblegarlx introduciendo su brazo, forcejeando, en la manga… Pienso en la escena y suspiro… Cuantas veces no he estado yo ahí, de diferente forma con otra excusa que no la chaqueta, pero sintiéndome en ese lugar desesperado en que “sólo” pedía que me obedeciera por una vez, sólo quería que fuera fácil…
Porque la chaqueta es lo de menos, el frío o el costipado… En ese momento necesitas doblegar su voluntad a la tuya, que te haga caso, que te obedezca, que pare de negarse, de negarte, para sentir, aunque sea sutilmente, que recuperas el control, que todavía diriges tu vida, que no se desmorona por una chaqueta… aunque sabes que es una sensación falsa te sirve, aparentemente, delante de quienes miran.

Y de repente paras, miras la “chaqueta”, a tu hijx y sabes que esa escena, a la que pides que sea fácil, sólo es la punta del iceberg.

En la maternidad nos acompaña esa sensación de haber perdido el control, las riendas de tu vida, que las necesidades de tus hijxs mandan en tu dia a dia, que el trabajo se come el tiempo y lxs niñxs la energía… Y te preguntas internamente… Y yo? Dónde quedo yo? Mis necesidades, mis anhelos, mis deseos, mis momentos…
Y en ese instante, entre forcejeos y mangas, obediencia y llantos que necesario es que alguien, sin juicio, te mire y te comprenda, incluso se acerque y te diga… Ya…

Entonces, algo interno se afloja, y sueltas esa necesidad de control, y lloras por dentro o con lágrimas y sientes que no estás sola, que la vida no te ahoga, o si, pero ya está, y te permites sentir que el control es una ilusión y que lo único que necesitas es a ti misma, y que mientras te buscas sin espacio ni tiempo, tienes tribu, momentánea, permanente, presente o virtual… que te abraza, físicamente o con la “mirada”, y eso ahora lo llena todo.

Soy Carlota Sala Rabassa, la maternidad supuso una revolución en mí y en mi familia. Desde que llegó mi primer hijo, nuestra vida empezó un nuevo camino. Soy madre de cuatro niños maravillosos, de 13, 11, 8 y 3 años, ellos son el motor del cambio y del retorno a la vida consciente. Vivimos en medio de la naturaleza y mis hijos no van a la escuela. Soy practicante de Yoga y de la vida, tallersita y conferenciante sobre educación consciente.

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