La soledad de los medianos

El mayor porque es el que abre el camino y el pequeño porque es el que más necesita… Y los del medio se quedan en tierra de nadie… A veces se crecen y tienden al mayor a veces se aflojan y te piden como el pequeño… Parece que estan siempre buscando su lugar.

Durante el proceso de tosferina, Auró parece haberse colocado en un nuevo lugar. Reivindica sus juegos cuando siempre cedía ante los de sus hermanos, negocia tiempos de montaje de legos en pro del tiempo de juego, que es lo que a él le gusta, pide la lectura en voz alta para su edad en vez de conformarse con historias que no comprendía bien, y ha dicho NO a las pelis de sus hermanos reclamando una peli exclusiva para él…

Entiende que siendo el pequeño de los tres mayores va a correr más que otros, pero ahora lo hace desde otro lugar y lo más importante de este proceso es que empieza a no importarle quedarse solo o jugar solo por pedir lo que le pertenece.
Quizás tener otro hermano detrás le da la cobertura para sentir que último o solo no se va a quedar. Quizás la tosferina le ha traído este aprendizaje al no tener energia para seguir la estela de nadie y ha encontrado la suya propia.

Nosotros, hace tiempo que vemos e intentamos que sea así, seguidor de su propio ritmo, y habíamos conseguido avances creando espacios y experiencias para que se relajara en su ritmo, pero ahora sentimos que el proceso se ha dado en él, de dentro hacia fuera.

Y no podemos más que aplaudir una vez más a la naturaleza interna y los procesos naturales de lxs niñxs. Si confias, si creas espacios a favor, si esperas… sus procesos se dan, a su manera, a su ritmo, en el momento perfecto para ellos y de la forma más curiosa imaginable. Y nosotros no controlamos nada! Ellos son protagonistas de su desarrollo.

Gracias Auró, gracias tosferina, gracias vida!

La culpa y el merecimiento

En este proceso de tosferina de dos de mis hijos he tenido dos dias de bajón. Me he resistido a capa y espada a aceptarlos. Un sentimiento conocido se despertaba en este proceso… la culpa.

Me sentía mal de necesitar estar tirada en el sofá, tranquila, de querer dormir más o querer mirarme una peli sola y sin interrupciones…

Muchas mujeres me escriben para decirme que quieren tener su espacio diario de yoga pero no pueden, sus hijxs no les dejan, si es temprano se despiertan, pero en otros momentos lloran, les interrumpen, se enfadan… Cuando se toman ese tiempo.
Yo les digo que prueben otra cosa a parte del yoga, danza, meditación, una bañera larga y placentera o un paseo a solas… y lo mismo, lxs hijxs no quieren, no les dejan, no se quieren quedar con su padre o patalean cuando ven atisbos de movimiento de la madre.

Me reconozco en ellas en otras etapas de la maternidad.

Con el Yoga aprendí que ellos no son los que no “nos dejan” o “no nos dejan”, consciente o inconscientemente, somos nosotras las que no nos damos el permiso de tener estos momentos y espacios.

Cuan dañada está nuestra autoestima que no sólo nos sentimos culpables de tener tiempo para nosotras, sino que nos sentimos mal de quererlo. .
Nos sentimos mal de querer estar ratos sin sostener, sin cuidar a otrx o sin estar presente para nuestrxs hijxs… sentimos que huimos de ellos, que los rechazamos o les abandonamos… nos sentimos extrañas al querer priorizarnos, de anhelar espacio para no hacer nada o todo solas, de querer cuidarnos o mirarnos… y que eficaz es la culpa que consigue que no lo tengamos.

Mi gran maestro en esto es mi marido, vaya, los hombres en general, durante este proceso en casa, él se ha dado sus espacios, pequeños, adecuados a la situación que vivimos, pero los ha cogido sin pedir permiso ni a mi, ni a mis hijos. Y ha vuelto vital, renovado y lleno. Y yo me pregunto… Desde donde doy? Desde el sacrificio?

Hacía tiempo que no la sentía tan clara la culpa.
Y pienso… que sutil es la culpa que se cuela por las rendijas del miedo y la inseguridad… La culpa tiene más fuerza cuando son los hijos son bebes y tememos que los estemos abandonando, cuando estan enfermos, cuando volvemos al trabajo o trabajamos “demasiado”… y seguimos, excusa tras excusa, sin darnos el permiso para cuidarnos y amarnos, sin darnos el permiso para sentir que lo merecemos.

Qué importante es aquí la tribu, una tribu en la que confies plenamente, con la que tus hijxs tengan vínculo, para dejar a tus retoños y saberlos cuidados y amados y así poder entregarte a tu cuidado.

En mi espacio de yoga lo sentía claro, pero parece que tengo que trasladarlo a la cotidianidad y poner mirada en estas finas grietas diarias por donde sutilmente se me cuela la culpa y me quita el permiso.

Recordemos siempre que el permiso no nos lo dan ellxs nos lo damos nosotras, y sí, nos necesitan, pero nos necesitan vitales, brillantes y llenas.

Meditar o estar contigo misma.

La palabra meditar, asusta. Despierta la pereza más profunda y aunque es una palabra de moda la sentimos ajena… Quizás la mal entendemos. Demasiadas imágenes que se le asocian tienen que ver con algo que sentimos inalcanzable.

Y si te digo que meditar es sencillo. Que no tienes que conseguir nada, ni mente en blanco ni Nirvana, que simplemente es un espacio para estar contigo, para parar, sentarte, cerrar ojos y sentirte… Los pensamientos van a llegar como ejércitos a la batalla… Démosle la bienvenida, no luches contra ellos, estan y, si no les das coba, se van.
Observa el espacio entre pensamiento, ese breve espacio donde la nada aparece.
Donde te haces realidad.
Donde te sientes de verdad.
Ese espacio de silencio que lo llena todo.
Es sencillo, permite que ese pequeño espacio se vaya haciendo más largo. Observa tu cuerpo, las sensaciones.. no juzgues… Observa.
Date la bienvenida a ti misma.
Está un ratito contigo.
En quietud.
Observando.
Todo lo que llegue esta bien, cansancio, dolor, llanto, enfado, alegría, excitación… Solo necesita ser visto, para poder seguir su curso.

Escucha tu respirar.

Escucha el latido de tu corazón.

Escucha tu presencia que lo invade poco a poco todo.

Empieza hoy.
No hace falta un escenario de película.
Cierra los ojos allí donde estés.

Tu mirada es solo para ti.
Deja que desaparezca tu entorno.
Para 5′.
Para 11′
Para 20′

Pero para, a estar contigo, y si quieres llámalo meditar.

Autonomía y autogobernarse

Todxs queremos que nuestrxs hijxs sean cada vez más autónomos, de hecho ese es uno de los principales objetivos de la educación, pero olvidamos muchas veces que eso significa que sean capaces de gobernarse así mismos y, por tanto, sean menos gobernados por los demás, incluidxs nosotrxs.

Nos cuesta aceptar que la autonomía conlleva que hagan menos lo que nosotros queremos a favor de que hagan lo que ellxs quieren que es lo que sienten y necesitan. Nos cuesta soltar la cuerda y confiar en sus decisiones sobretodo cuando no son las más adecuadas en nuestro pensamiento.

Quizás porque dudamos de que sigan conectados a su guia interno, quizás porque dudamos que no sepan diferenciar entre necesidades autenticas o sustitutivas, quizás porque sentimos que no sabran gestionar emociones intensas y se perderan entre tinieblas…

Quizás la autonomía de nuestrxs hijxs, sobretodo en edades avanzadas, nos confronta con el ejemplo que damos, con el acompañamiento que les hemos ofrecido, con el espejo que nos obliga simplemente a observar(nos)…

Quizás… su autonomía nos invita a buscar la nuestra. .

La exigencia

Una de las peores formas de maltrato es la expectativa, la exigencia y el juicio que ejercemos sobre nosotras mismas.
De dónde nace ese juicio, esa exigencia… De qué herida emana…?
Si para nuestros hijxs somos perfectas… Para quién creemos que no lo somos? A quién queremos agradar? De quién esperamos aprobación?
.Cuando nos exigimos tanto, inconscientemente, les exigimos a nuestrxs hijxs resultados, desde nuestro esfuerzo y nuestra perfección les pedimos, sin pedir, que estén bien, que sean felices, que estén sanos, equilibrados… Pero para qué?
Para seguir alimentando la exigencia…? Para reafirmarnos en el “lo estoy haciendo bien” y así liberar la carga de la culpa…?
O… …para alejar el dolor de nuestra niña herida, la que se siente desaprobada, que no es suficiente, la que tiene que hacer más para ser vista, la que siente que si no lo hace bien no es querida, admirada, aplaudida… Quizás, esa niña, herida, busca la aprobación a través de la madre que ahora somos…? Es el momento de parar…
de parar tanta exigencia, tanto juicio… Es el momento de soltar ese dolor y entender que esa aprobación, ahora, ya sólo nos la podemos dar nosotras mismas.
Es momento de que cada vez que sintamos el dolor de no hacerlo bien, o lo suficientemente bien… abracemos ese dolor como cuando abrazamos a nuestrxs hijxs en su llanto. Con la misma ternura, con la misma compasión, con el mismo amor. Y permitamos el llanto interno, y externo, sintiendo el sostén que nuestra madre interna le da a nuestra niña herida.
Nuestrxs hijxs nos enseñan cómo es el amor incondicional para que nosotras nos lo demos a nosotras mismas.
.Tendemos a comparar las maternidades y sus formas… Y nos desvitalizamos, nos desempoderamos, nos herimos… Olvidando que todas las formas son perfectas, olvidando que somos la mejor madre para nuestrxs hijxs, ellxs no lo dudan. .
Recuerda que cuando no veas lo perfecta que eres es porque no estás pudiendo verte, porque estás mirando y sintiendo la herida de tu niña… Abrazala sin más.
Nos toca, también, ser madres de nuestras niñas interiores, y amarlas como necesitan y se merecen. ❤️❤️

Ya…

Me contaban ayer de una escena en que una mamá intentaba que su hijx se pusiera la chaqueta, no quería, ella consideraba que se la tenía que poner, pero se resistía de todas las formas hasta que ella, rodeada de familias y otros niñxs, le obligaba físicamente, su hijx se resistía desde la rigidez y ella conseguía doblegarlx introduciendo su brazo, forcejeando, en la manga… Pienso en la escena y suspiro… Cuantas veces no he estado yo ahí, de diferente forma con otra excusa que no la chaqueta, pero sintiéndome en ese lugar desesperado en que “sólo” pedía que me obedeciera por una vez, sólo quería que fuera fácil…
Porque la chaqueta es lo de menos, el frío o el costipado… En ese momento necesitas doblegar su voluntad a la tuya, que te haga caso, que te obedezca, que pare de negarse, de negarte, para sentir, aunque sea sutilmente, que recuperas el control, que todavía diriges tu vida, que no se desmorona por una chaqueta… aunque sabes que es una sensación falsa te sirve, aparentemente, delante de quienes miran.

Y de repente paras, miras la “chaqueta”, a tu hijx y sabes que esa escena, a la que pides que sea fácil, sólo es la punta del iceberg.

En la maternidad nos acompaña esa sensación de haber perdido el control, las riendas de tu vida, que las necesidades de tus hijxs mandan en tu dia a dia, que el trabajo se come el tiempo y lxs niñxs la energía… Y te preguntas internamente… Y yo? Dónde quedo yo? Mis necesidades, mis anhelos, mis deseos, mis momentos…
Y en ese instante, entre forcejeos y mangas, obediencia y llantos que necesario es que alguien, sin juicio, te mire y te comprenda, incluso se acerque y te diga… Ya…

Entonces, algo interno se afloja, y sueltas esa necesidad de control, y lloras por dentro o con lágrimas y sientes que no estás sola, que la vida no te ahoga, o si, pero ya está, y te permites sentir que el control es una ilusión y que lo único que necesitas es a ti misma, y que mientras te buscas sin espacio ni tiempo, tienes tribu, momentánea, permanente, presente o virtual… que te abraza, físicamente o con la “mirada”, y eso ahora lo llena todo.

Sin pelo, con amor

Hace 6 años, embarazada de mi tercer hijo, sentí no querer teñirme más… Hace 6 años me rapé para empezar de nuevo, más yo, más en contacto con cómo era, cómo soy… Sentí la necesidad de verme tal cual, sin “maquillaje”, sin melena teñida, sin camuflar, disimular, ajustar, transformar cómo era físicamente … Dejé de usar sujetador… dejé de depilarme… Con la única intención de sentirme en el cuerpo que había escogido, con la forma, el color, el bello, la textura… Que daba forma a mi cuerpo y que me representaba en el plano físico.
A medida que crecía el bello de mi cuerpo, se soltaba la tensión de mis pechos, me crecía el pelo cano… Monstruos internos me acompañaban… Me veía fea, desarreglada, “dejada” incluso sucia… Todos las creencias, todas los prejuicios latían con fuerza… Porqué no te pones gomina, llevas pantalón largo, porque no usas camisetas que sostengan un poco el pecho…? Porque no te pones pendientes, o pañuelos en el pelo, o camisetas con media manga…? Para tapar, disimular, dar forma, domar… Tu pelo, tu bello, tu cuerpo… Ideas para acallar el dolor de mi inseguridad.
Pero Auró en mi vientre me dio la fuerza para seguir mirándome al espejo tal cual era. Sin nada más ni nada menos que lo que traigo de serie.
Fue un trabajo de autoestima profundo… Cambiar la mirada poco a poco sobre qué es la belleza, desde dónde se siente, dónde nace… Aparecieron las miradas ajenas, los comentarios, las caras que lo expresan todo… Y vuelta a la inseguridad… Al dolor del rechazo, a sentir el vacío de cuando no gustas.
Pero mi alma tenía claro cual era el camino… Y seguí sin sucumbir, aceptando y abrazando mi dolor, mi inseguridad el vacío interno de tantos años sometiéndome a un juicio externo.
Y entre abrazos internos, lágrimas sostenidas, la mirada limpia de mis hijos, surgió el amor por mi misma… La belleza empezó a irradiarse desde dentro… Me enamoré de mi bello, de mis canas, de mi pecho caído, de mi cuerpo huesudo… de mis ángulos y mis curvas… Puestas y escogidas por mi, para mi, para acompañarme en esta vida. (Sigue en el primer comentario)

antes residía en mi, a no sentirlo personal, y a abrir el espacio para que lxs demás también pudieran si sentían cambiar la mirada.
6 años y vuelvo al mismo lugar siendo diferente, asoman monstruos, pero ya sin fuerza, que me recuerdan que todavía hay rincones por amar, lugares internos esperando ser vistos, oscuridades en las que poner luz…