Rendirse a la vida

Por qué decidí parir en casa mi primer hijo (y todos los demás)?

Este post está escrito sin ánimo de convencer a nadie, explico, desde mi vivencia, el porqué nosotros lo hicimos. Siento que el dónde parir nace de un lugar muy íntimo, donde la mente y los argumentos pesan poco. La seguridad y la sensación de intimidad, claves en el parto fluido y natural, se apoyan en creencias profundas, que cada una tiene a raiz de vivencias, educación, información externa, etc. Yo abogo una vez más por ir a un lugar más profundo que las creencias y argumentos, donde la verdad de lo que necesitamos reside y se revela ante nosotras desde el silencio de la mente y las emociones. Una vez contactas con esa verdad tuya, única y verdadera, entonces puedes decidir desde el corazón y el sentir dónde dar a luz a tus hijxs.

Cuando me quedé embarazada de mi primer hijo, buscado con mucha ilusión y encontrado “demasiado” rápido, no sabía que existía la opción de parir en casa. Ni nos lo planteamos antes ni durante la búsqueda… Sí recuerdo decirle a mi madre, de pequeñita, que no entendía porque se ponía anestesia justo al final del parto cuando ya salía (expulsivo), que era el momento que a mi me parecía más emocionante, sentir físicamente cómo el bebe sale de ti… Pero sin más…

Un día hablando con mi pareja, del hospital que nos tocaba, cómo sería, etc… le confesé que a mi me daba miedo el momento episiotomía, por mi historia con mi sexualidad, sentía que si no se hacía bien podría tener consecuencias que iban a dificultar más mi relación con mi sexualidad. Entonces, desde el miedo, empezamos a abrirnos a ver más opciones… Y por “casualidad” nos llegó un reportaje sobre partos  naturales, en hospital y en casa… y uau! Abrió la puerta a un mundo nuevo para nosotros, supimos que se podía parir en casa, cortocircuitamos un tiempo, nuestra mente, creencias, educación nos invadían la mente de miedos y dudas… Peró el miedo a una parto no respetado y sobretodo una episiotomía mal hecha pudo con todo ello. También he de reconocer que nunca he sido amante de los hospitales, no me siento segura, siento que entrego el poder, siempre he sentido que entras y pierdes capadidad de decisión, que te entregas a algo que, yo personalmente, no me fio al 100%. Esto tiene que ver con mi historia, con mis vivencias y mi manera de ser.

Nos informamos, leímos, fuimos a sitios y encontramos un lugar que nos dio la seguridad que necesitábamos, un centro de salud que acompañaba partos en casa con equipos de comadronas tituladas, formadas en Inglaterra para atender partos en casa. Este envolvente nos dio la seguridad, y todo lo que nos iban explicando y lo que ibamos viendo y sintiendo nos afinazaba en la decisión. Aun necesitabamos mucho envolvente para nuestra tranquilidad: estadísticas, argumentos científicos, experiencia, libros y titulos que sostuvieran el miedo y disiparan las dudas.

Comunicarlo a la familia no fue fácil, caras de desaprobación, comentarioes velados, y muchas preguntas de: estais seguros? Y sí lo estabamos y cada vez más. No sé si es porque nos colocamos en un lugar muy rígido para afianzar nuestra seguridad y no permitimos muchos comentarios ni que entraran los miedos de los demás, pero la familia confió en nuestra decisión, o no, pero la respetó. Mi madre, clave para mi, confió, supongo que tenía dudas y miedos, pero se los trabajó ella, nos dio su confianza y seguridad y eso, a mi, me ayudó mucho a seguir en la confianza.

Ahora con el tiempo veo y entreleo una confianza y seguridad que no nacía de los argumentos científicos, ni de las estadísticas, ni de los libros, había conectado con el sentir de lo que quería para mi parto y nacimiento de nuestro hijo, conecté con la fuerza del cuerpo, con la confianza en la vida y sobretodo conecté con lo que verdaderamente necesitabamos mi hijo y yo. Aunque a mi mente, mi entorno y a lo establecido le pereciera una locura.

Quería un parto verdaderamente respetado, natural y vivido en plenitud.

Seguimos con las visitas, seguimiento del embarazo y las reuniones con madres que habían parido en casa y explicaban su parto. Todo eso fue construyendo el camino hacia el final esperado. Hicimos preparación al parto natural, trabajamos con el cuerpo, poco para lo que ahora sé, pero suficiente para tomar conciencia del proceso del cuerpo. Leí un monton de libros que me ayudaron a empoderarme y reconocer al cuerpo cómo agente principal del proceso. Asumí que yo solo tenía que centrarme en la respiración para que mi mente no entorpeciera.

Y así fue que llegó el momento, era apta para parir en casa, ningun riesgo, ni señal de riesgo durante el embarazo y últimas semanas. Todo preparado, solo quedaba esperar y no mucho por que se adelantó un par de dias… primera contracción y ya supe que eso era el inicio. Jordi preparó el espacio, el entorno, reloj en mano contando contracciones, yo le había dicho que quería intimidad, que avisara a las comadronas lo más tarde posible, que confiaba en él y que yo me soltaba… y así fue, me solté, y él se creció. Un parto corto para ser primeriza, dicen… 8h desde la primera contracción de pre-parto. Mi objetivo era la respiración, observarla, seguir su ritmo, centrarme una y otra vez en ella… Saltándome las estadísticas de partos naturales, pasé casi todas las contracciones estirada en horizontal en la cama, yo me sentía bien acogiéndolas en esa postura, así que confié en mi cuerpo, solo al final de todo quise levantarme y irme al sofa…  Entre cama y sofá hubo momentos de lavabo, acompañada de Jordi, una llamada para preguntar si era normal y sí, todo fluia, la comadrona llegó una hora y media antes de que Ot llegara, Jordi me hizo caso a pies juntillas… la avisó que ya estaba superdilatada y porque era de madrugada y no había trafico en Barcelona que si no no llega.

Rotura de aguas en expulsivo, expulsivo rápido y después de coronar en dos pujos Ot apareció en mis brazos. Lo que más recuerdo de ese momento es que al oirlo llorar de repente tuve la sensación de volver de algun lugar muy oscuro pero agradable, de repente empecé a ver mi entorno, oir a la comadrona y a Jordi, es como si hubiera estado en otro lugar todo el rato, en mi cuerpo metida, sin ver ni oir mi alrededor, sin percepción externa pero con todo lujo de detalles de la percepción interna. Dicen que es el planeta Parto. La oxitocina corría en abundancia por mis venas y empecé a llorar de pura alegría y felicidad, del reto que había superado, del equipo que hicimos con su padre, del ser que había nacido a través de mi. En ese momento no piensas, sólo sientes, y la plenitud es absoluta.

El parto lo viví con plenitud y con dolor, pero no sufrimiento, con confianza y sobretodo con la libertad de ser yo misma, de decidir, de escuchar solo a mi cuerpo, con el sostén de mi compañero en todo momento, con la tranquilidad de poder perder el control y que me guiara la sabiduría del cuerpo y la vida… cosa en mi taaan dificil.

Empecé esta aventura desde un miedo, y la acabé conecatda a la confianza plena en el cuerpo y en mi, en la vida y en mi pareja.

Está demostrado científicamente, que, a nivel físco, psicológico y emocional, lo mejor para el bebé y la madre es un parto natural, sin intervención de ningun tipo, que a veces son necesarias, a veces, muchísimas otras no.

A mi segundo y tercer hijo los parí de forma natural y en casa no sólo por lo que dicen los científicos, no por el miedo que me dan los hospitales, ni por que esté de “moda”, sinó por que sentí, y en cada parto con más conciencia, el verdadero respeto por la vida y sus procesos vitales, porque me reconcilia con mi parte más humana, más verdadera, por que siento en el corazón la calma de vivir el nacimiento de un ser con cuidado y amor. Esa sensación de paz que me invade al respetar su nacimiento, tal como elige, al ritmo que elige, de la forma que elige y dándole el protagonismo y la importancia que se merece, cuidando su sentir y su llegada para que sea lo más plena posible para él.

Cada parto ha sido único, con matices, ritmos y dificultades diferentes en cada uno de ellos, de todos he aprendido cosas nuevas, pero en todos se ha repetido un aprendizaje: Rendirme. También aprendí en cada uno de los partos a ser canal y no ser protagonista, a ser acompañante y no directora, y a abrazar el poder y la fortaleza de hacerlo sin sentirme víctima.

Ahora empieza la cuenta atrás para la llagada de un nuevo ser a través de mi, y me abro a que él/ella elija cómo, cuando y a qué ritmo. Volveré a ser canal de vida dentro de poco y me siento honrada y llena de amor de serlo, una vez más.

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Nacimiento Lotus

Por qué decidí no cortar el cordón umbilical del bebé y esperar a que se desprendiera por sí mismo…

Recuerdo en mi primer parto, en casa, el bebé ya había nacido y su padre se disponía a coger las tijeras para cortar el cordón. Mi corazón latía más intensamente y vi paso a paso cómo cortaba ese hilo que nos había unido durante 9 meses… Sentí una punzada, una sensación por todo el cuerpo que decía: no, así no! Una sensación muy física, de rechazo, de espeluzne. Pero mi mente no supo procesar ni entender ese mensaje de mi cuerpo.

A mi segundo hijo le volvimos a cortar el cordón, yo sabía, sin ser muy consciente hasta el momento clave, supe que lo iba a pasar mal… esta vez no quise mirar, pero la sensación del cuerpo fue la misma, justo en el momento en que cortaba, no muy evidente, pero lo suficientemente como para poner atención racional a esta sensación.

Dias más tarde, tan sólo unos dias más tarde, descubrí que hay una manera de acompañar la separación del bebé y su placenta más respetuosa, más lenta, o sencillamente diferente… El nacimiento lotus.

El nacimiento Lotus es una manera de acompañar la separación que espera a que el bebé, desde su cuerpo, decida cuando desprenderse de su placenta, de su cordón, el hilo de vida que lo ha alimentado, oxigenado y nutrido a muchos niveles durante la gestación. No cortamos, ni quemamos el cordón, simplemente esperamos a que el ombligo suelte el cordón, se desperenda.

Con mi tercer hijo lo hicimos así! Tenía claro que el momento incómodo, incluso sutilmente doloroso que había vivido no lo quería repetir, así que esta vez la separación no iba a ser cortando.

Fue una experiencia mágica!

No cortamos. Limpiamos, cuidamos y respetamos la placenta y el cordón hasta que Auró con su manita, a los 2 dias y medio de nacer, la apartó de su ombligo con un gesto muy suave.

Fue maravilloso presenciar cómo él apartaba el cordón seco, rígido, de su ombligo.

Mi mente me decía: fue casualidad, en un gesto involuntario lo estiró y ya, o me decía: quizás tendría que haber vigilado y a lo mejor era pronto y se lo ha arrancado… Pero no! Aunque mi mente recional, masculina y condicionada diga lo que diga, sé que él decidió el momento de soltar su placenta, y dejar atrás su vida intrauterina. Con respeto, con amor, en el momento que estuvo preparado para hacerlo.

Los dos días con bebé y placenta unidos fueron más fáciles de lo que la mente prevee, de hecho me ayudó a guardar más reposo, a no moverme tanto, y a estar más presente. Pude comprobar que la unión entre ellos sigue viva aunque el cordón ya tenga un color gris y se haya secado y rigidizado… Sin querer di algun golpe a la placenta, sin tocar al bebé, y el bebé se sobresaltaba, acariciaba la placenta envuelta en algodón y el bebé se relajaba. Eran todavía uno!

Me sentí muy cómoda con el hecho de compartir espacio físico el bebé, la placenta y yo, de buscar el lugar para ella, de movernos los tres… así había sido durante el embarazo y ahora tocaba separarse pero poco a poco, siguiendo el ritmo natural de la vida y sus procesos.

Siento que mi tercer hijo tuvo una entrada a la vida terrenal más suave, más lenta, sin prisas, más respetada, ofreciéndole desde el principio la oportunidad de decidir, a través de su cuerpo, cuando  y cómo traspasar de una etapa a otra.

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Mucha gente al explicarles esta experiencia busca los beneficios físicos, psicológicos, etc de esta manera de nacer, muchas personas me dicen que es una locura a nivel logístico, otras lo sienten raro, inecesario… y todas las maneras de verlo me parecen válidas.

Nunca busqué los beneficios, nunca pensé en la logística de los primeros dias con bebé y placenta, simplemente lo sentí, sentí cómo no quería y me llegó la manera que me hizo sentir cómoda en la experiencia.

Las mujeres y más si están embarazadas, tenemos eso, esa intución del cuerpo que nos guía en que sí y cómo no… pero vivimos en un mundo de lógica estructurada y razonamiento cuadriculado y buscamos explicar lo que sentimos, lo que nos nace y lo que creemos en ese espacio, muchas veces dándonos por vencidas por el camino, aceptando prácticas que no nos convencen pero que no sabemos revatirlas… y cada vez más pienso que no hay palabras, razones ni argumentos que sirvan, tendremos que buscar otra manera de expresarlo y defenderlo, de llevarlo a cabo y vivirlo libremente, sin jucicio, sin expectativa, sin miedo.

Con este bebé intentaremos hacerlo de la misma forma, pero ya sabemos que ellxs eligen cómo nacen y cómo llegan a la Tierra… Así que nos abrimos, una vez más, y dejamos de controlar para que nustrxs hijxs vivan cómo son y cómo necesitan.

 

Si quereis más información sobre el tema:
La placenta. El chakra olvidado. Robin Lim.
http://www.placentama.com