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Todo está en mi

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En los momentos de más crisis con los niños, cuando más desbordada me siento por la logística, cuando más me cuesta encajar sus cambios y sus nuevas maneras, cuando siento que estan en desequilibrio… donde pongo más mirada es en mi.

Y todo lo que les pido a ellos (pareja incluida) me lo pido a mi misma. Ahora ya sin excusas de no hay tiempo, ni medios.

Es urgente que las madres (y padres) nos pongamos manos a la obra en responsabilizarnos de todo lo que nos pasa, de lo poco que nos cuidamos y de lo mucho que evadimos, para no traspasar nuestras neuras a nuestr@s hij@s.

Todo lo que ves en tu entorno es parte de ti: ama lo que rechazas y reconoce lo que admiras… en ti.
Siempre desde el amor y sin culpa!!!

Porqué no quiero estar con mis hijos?

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El otro día una mamá después de una charla taller me decía… “cuando preguntaste qué es para ti cuidarte, qué haces para cuidarte, y cargar energía ?… la mayoría, lo primero que pensamos fue en dejar a los niños y hacer algo para nosotras, solas. Huir de la cotidianidad, del quehacer diario. Pero tu dices que estar con tus hijos te carga de energía… que cuando piensas en cuidarte, entre otras cosas, es estar con ellos haciendo cosas o simplemente estando. Por que no nos pasa eso a nosotras?”

Cuando mis dos primeros hijos eran pequeños no podía estar sola con ellos, me desbordaba o me aburría, o me agobiaba, sólo hacía y hacía, lavadoras, cenas, limpiaba, ordenaba… tenia aversión a estar sola con ellos, acompañándoles. Me buscaba planes, íbamos al parque, a comprar… hacer y más hacer, por no estar ni ser.

En secreto sentía que no quería estar con ellos. Quería que pasaran las horas, las tardes, los días… los años… pensaba, “bueno cuando crezcan ya jugaran solos, o seran más independientes… será más fácil” esperaba y esperaba que llegara su padre, que me tocara mi momento, sin ellos.

Mucho tiempo guardé la culpa de sentir no poder sostenerlos, no querer sostenerlos, en definitiva no querer estar con ellos.
Cuando Jordi empezó a viajar no me quedaba otra que ESTAR todo el día con ellos, no iban al cole, acabábamos de mudarnos, no conocía a nadie…

El doloroso secreto seguía encerrado, entre barrotes de culpa y olor a sacrificio.

Conocí el Yoga por estar embarazada de Auró, y me permitió probar el estar cada día conmigo. En el momento de la meditación no soportaba estar conmigo misma. Me dolía todo, me picaba todo, me molestaba la postura, los pensamientos, los ruidos,… desistía rápido.
Me fui dando cuenta que estar con ellos, acompañándolos sin juicio, sin dirigir, sin expectativa, se parecía mucho a la sensación que tenía al meditar.

Comprendí una tarde de conflictos con mis hijos una cosa: en realidad, con quien no quería estar era conmigo misma, no con ellos.

Estar con los niños, en silencio, acompañando, sin dirigir, escuchando verdaderamente, sin proponer, sin expectativas ni juicios significa parar, parar la máquina mental, significa aterrizar EN EL PRESENTE, al presente que ellos viven, al absoluto, ese que permite ver como estás y te chiva qué necesitas verdaderamente, que muestra tu realidad emocional no atendida, no mirada.
Y eso es tan insoportable tantas veces, es tan doloroso, que preferimos seguir haciendo, seguir planeando, seguir en la mente pensante, esperando que llegue tu momento, sin ellos, a solas, para evadirte, no para cuidarte, esperando que lleguen esos momentos de desconexión de ellos y de ti.

Cuando pude tomar conciencia de cuanto me incomodaba estar conmigo, sola, pude soltar la culpa de mala madre que encerraba el dolor de no sentirme, no escucharme, no atenderme. Y empecé a escucharme, empecé a sentirme, a vivir más presente en mi, en la vida, en mis necesidades auténticas… poco a poco, sientes, sencillamente te sientes. Te permites estar  donde estás, te escuchas aunque no sea lo que la mente quiera oir, y empiezas a actuar. Y poco a poco te empieza a gustar estar contigomisma, te empiezas a amar.

Empecé a disfrutar de estar con ellos, a disfrutar de verdad. Ya no me resulta doloroso, ni incómodo, es más, siento el placer de volver a la tierra, al cuerpo, al ritmo natural. Como quién va a la naturaleza para desconectar, y siente calma, siente más el cuerpo y se siente más viva. A mi me pasa con ellos, ellos me muestran el ritmo de la naturaleza, el auténtico, el presente amoroso, el placer de sentir el cuerpo, el silencio que te reconforta. Ese espacio donde no hay tiempo, ese espacio donde Ser, sencillamente Ser quien eres.

Así que a esa mamá y a todas, estar con nuestros hijos nos carga de energía siempre! si nos permitimos ser y estar presentes, si dejamos la mente en reposo, si nos colocamos en el cuerpo y respiramos con el corazón abierto. Ellos son los maestros de cómo hacerlo, de cómo ser, sin juicio ni objetivo, sin miedo ni culpa.  Ellos son los que nos acomapñan a nostras, a sentirnos plenas otra vez, plenas de amor, plenas de nosotras mismas, como ellos lo estan cada día.

La tristeza que va y viene y se queda

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A veces, aquí en el paraiso, aunque salga el Sol, estoy triste.

A veces las emociones llegan y se quedan un tiempo. Algunas me cuestan más que otras y la tristeza es mi punto débil, intento echarla de todas las formas posibles, la evito con evasión, la ignoro con distracciones, es decir, con el hacer, hacer y más hacer. Pero a veces se instala y se acomoda. Entonces intento echarle la culpa a algo o alguien, el trebajo se lleva el primer lugar, echarle la culpa al trabajo hasta ahora era fácil, pero ahora ya no, me encargué en momentos de lucidez que me apasionara, que me llenara y ya no puedo usarlo como excusa. El segundo lugar por excelencia es mi pareja, él se convierte en el saco de las culpas de mi tristeza y de mi infelicidad. Una amiga descubrió mi trampa (y la suya) y se preguntó en voz alta: y si él se va y la felicidad no vuelve?

Él, un día, decidió no abandonar el barco aunque la tristeza sople las velas y yo descubro, una y otra vez, mi estrategia: personificar mi dolor y deshacerme de él haciéndole las maletas.

 

Decido quedarme.

 

Y la tristeza no se va.

 

Es lo que nos pasa a los que tenemos traumas infantiles, que no somos pocos, que de vez en cuando el alma decide sanarse un poquito, dejamos, sin querer, espacio y tiempo y la emoción de antaño se expresa y sin pedir permiso, sale a la luz invadiendo y tiñendo el día a día de gris.

Lo que más me cuesta es aceptarla, permitir que se quede el tiempo que necesite sin miedo a creer que será para siempre. La controlo en tiempo e inetensidad para que no se expanda demasiado y la reprimo y manipulo dejando a mi cuerpo sin energía.

Miro por la ventana y veo la luz gris de la luna llena, iluminando el campo. El gris depende de cómo lo mires es bonito.

Por primera vez me aflojo y pienso en cuidar esta sensación que me inunda, no voy a rechazarla, permito que esté conmigo el tiempo que quiera, no lucho, la abrazo, le sonrío… Y descubro que tiene muchas cosas que contarme y que en un día no vamos a tener suficiente, así que le he hecho un hueco en mi cama y cada noche le doy las buenas noches, me susurra una sonrisa y siento que ya no lo tiñe todo ni lo inunda todo por que sabe que tiene su lugar y es bienvenida siempre que quiera.

regalos originales

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Este año puedes regalar diferente: pudes regalar un mes de yoga, o un trimestre. Puedes regalar un Taller: “Madres felices, hijos felices”. O una charla sobre educación amorosa y respetuosa o todo un ciclo. O lanzarte a la psicina y regalarle un reto para que se ame cada día un poco más… tu decides, abre los ojos y el corazón y regala amor, conciencia, experiencias, aprendizajes, motivación, autoestima, armonía, salud,…

Ponte en contacto conmigo y te haré un bonito vale, o si te interesa algo más sofisticado, un bonito packagging.

 

 

Acompañar sin sobreproteger

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Ephoto by Jordi Soler Quintana

Muchos piensan que sobreprotegemos a nuestros hijos cuando los llevamos en brazos hasta que ellos deciden, cuando dormimos con ellos aun con edad avanzada, cuando damos teta hasta que caminan o corren o leen, cuando no castigamos, cuando los abrazamos después de agredirnos, cuando no chantajeamos para que se comporten…

La realidad es bien diferente… qué es sobreproteger, en realidad?

Todos ejercemos la sobreprotección con nuestros hijos, cuando queremos evitarles el dolor, las dificultades, las trabanquetas de la vida, si las entendemos así, los conflictos. Todos sobreprotegemos cuando hacemos por ellos, cuando decidimos por ellos, cuando acallamos y disimulamos sus emociones, las nuestras… por su “bien”(o el nuestro)…

Los niños han venido a vivir la vida y nosotros no podemos evitarles la vida… sería ir contra propósito vital. Ellos han venido a experimentarla en su amplio espectro, en todo su riqueza de experiencias y vivencias. Por qué nos empeñamos en no querer verles ante dificultades, ante el dolor, ante los retos que la vida nos presenta?. El dolor es la vida misma, la dificultad es un peldaño y una oportunidad, los retos son necesarios para su
crecimiento interior…

Qué nos pasa a los padres que queremos evitárselo a toda costa, acallando sus emociones, reprimiendo sus expresiones de dolor, de rabia, de ira, de alegría, de excitación… El dolor está, la dificultad existe, la tensión se produce y necesita ser expresada y acompañada.

La vida es un constante aprender, y para aprender sales de tu zona de confort y salir de tu zona de confort significa: miedo, duda, pérdida, riesgo, ganar y perder… y eso conlleva momentos de tensión y también de calma, sobretodo cuando eres niño, porque estás
experimentando, conociendo, saliendo al mundo, aprendiendo, poco a poco…  a su ritmo.

Y cuando se arriesgan, cuando salen, cuando deciden, cuando rompen, les pasan cosas y necesitan expresarlas, no les reprimamos ese expresar por que entonces desde el buenhacer de padres para evitar verlos tristes, llorando, patalendo, expresando, gritando, saltando, corriendo… les reprimimos el flujo de la vida.

Recuerdo cuando quería que mis hijos fueran estables, felices, sin conflictos, internos ni externos, sin sube y baja… y fuimos a la escuela libre para que en la libertad de ser quienes eran, desaparecieran todos esos conflictos… y recuerdo que no disminuían… seguía habiendo conflictos, rabietas, expresiones de dolor, de rabia, de tristeza, de miedo, de angustia, de alegría, de excitación… También había momentos de creación, de crecimiento, de risas, de silencios, de abrazos, de construcción… pero, qué es la vida sino?

La vida pasa a través de ellos más que de nadie porque ellos viven el momento presente más auténtico.

Entendí entonces que los conflictos no son negativos, los conflictos son conflictos cuando yo los miro así, desde mi conflicto interno, dese mi desconexión.

Sobreprotejo cuando intento que vivan sólo la parte “bonita” de la vida… pero la parte bonita que mis ojos ven e interpretan, la parte en que siempre estan tranquilos, en paz, alegres (pero no excitados), sonriendo, brillando…  mis ojos del miedo son los que ven que esa parte es la buena y que hay una parte “mala” en la vida…. mis ojos del corazón abrazan todos los momentos, estados y colores, del blanco al negro… El corazón acepta la vida en su esencia divina… completa. Por que voy a privar a mis hijos de verla también, porque les voy a negar la oportunidad de abrazar la luz y la sombra de la vida condenándolos a juzgar su sombra y sobrevalorar su luz, llevándoloes al camino interminable de ser mejores…

Los niños necesitan aprender qué es una emoción, qué le pasa, cuando y cómo, aprender a manejar y gestionar, que no reprimir, sus emociones. No los acallemos, expliquemos les qué les sucede, cómo canalizarlo, cómo no hacerse daño expresando, cómo escucharse y no engancharse, cómo relajarse, cómo conocerse y sobretodo como amarse.

Y a nosotros qué nos pasa con sus emociones?
Sabemos enseñarles a gestionar sus emociones?  Sabemos cómo gestionar las
nuestras? Nos conocemos lo suficiente para saber cuando y cómo aparecen? Cómo respirar,
como escucharnos y no engancharnos a ellas, como canalizar la energía…? Cómo aprender
del mensaje de las emociones, cómo reconocerlas cuando aparecen…?

Ahí está la clave, desde ahí es desde donde podemos cuidar sin sobreproteger, podemos acompañar sin controlar (ni reprimir), desde nuestro conocimiento de las emociones y de su gestión.
Y cómo les enseñamos? Con el ejemplo!
Si un niño pierde los papeles, nosotros mantenemos la calma o perdemos los papeles? nos ponemos a su altura, gritamos, aporremos la puerta, contenemos violentamente, castigamos? Cuando nos suceden cosas en la vida cómo reaccionamos, cómo gestionamos, cómo vivimos las emociones? Por que recordemos que nuestros hijos son espectadores de todos esos momentos

Cómo van a saber qué hacer con esa emoción si nadie les muestra? Con tu ejemplo o con tu acompañamiento… cómo van a saber si cuando explotan en una emoción nadie les dice, con el cuerpo: tranquilo, esto que te pasa es normal, es rabia, te amo aquí también, ámate
aquí, yo también la siento a veces y a mi me va bien hacer esto o lo otro… para
no hacerme daño ni hacérselo a los demás.

Eso es proteger a nuestros hijos, darles herramientas para que cuando las vivencias de la vida los sacudan puedan mantener el equilibrio interno, sentir la luz aunque no la vean, por que confían, por que saben que las emociones pasan, que el silencio es el mejor
compañero de uno mismo, que el amor es lo que perdura siempre!

Expandiendo otra manera de educar

El pasado sábado tuve el placer de participar como tallerista en las I Jornadas de Educación Viva En la UAB (Universidad Autònoma de Barcelona).

Unas Jornadas perfectamente organizadas, muy interesantes i inspiradoras. Dos dias llenos de inspiración, de alegría y motivación. Conociendo a mucha gente con la que compartimos camino, el camino de educar de otra manera, respetando a l@s niñ@s por encima de todo.

Realicé una conferencia-charla sobre Aprendizaje Autónomo, protagonistas de su aprendizaje. Fue irónico hacerla en una aula de universidad con sillas pupitre y en disposición tradicional de clase magistral, todo lo que no hago con mis hijos…

El aula estaba llena, mayoritariamente, de maestr@ y docente@s, que también eran madres y padres, y algun estudiante. Dos horas charlando y compartiendo como aprenden mis hijos, sin horaris, sin clases, sin seguir el curriculum. Sencillamente respetando sus intereses, sus necesidades, su curiosidad, su ritmo, su forma de aprender… etc. Compartiendo cómo aprenden siguiendo su guia interna y explicando cómo nosotros los acompañamos en SU camino de expresar quienes son.

Cuando me marchaba sentí que la semilla está creciendo ya en la sociedad, que ya no somos 4, que muchos docentes, padres y madres sienten lo que nosotros cuando empezamos, que algo no funciona, que sí es posible aprender sin obligar, que el amor es la base del desarrollo de los niños, que primero son ellos aquí y ahora y no lo que esperamos que sean en un futuro, que la curiosidad es innata y es una necesidad y que para preservarla sólo se necesita observar y respetar el camino a dónde les lleva, y lo más importante: que l@s niñ@s ya son, no han de llegar a ser, porque ya está en ell@s lo que son, ell@s simplemente van a desplegarlo y expresarlo a medida que crezcan. Y que para los adultos es un privilegio descubrir día día lo que ya son, ver cómo lo expresan paso a paso, como se van mostrando y ver el proceso de desarrollo de un ser en todo su potencial.

Agradecida a la vida por estas oportunidades de expandir el mensaje de que otra educación es posible, otro mundo es posible: más amoroso, más respetuoso.

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Dejar de hacer

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Agradezco al otoño que llegue tan suave, tan dulce, que acaricia mi cara con el aire fresco y tiñe el ambiente de recogimiento con manta y calcetines gruesos.
Estoy en un momento de cansancio, después de una semana intensa, me siento en el balcón y me dejo ir, descanso y aflojo sabiendo que el silencio de la naturaleza me sostiene, que el aire fresco que respiro me sostiene. Por fín después de una semana de sostener me siento sostenida y reconozco esta sensación en lo profundo.
Me permito aflojar tanto que me doy cuenta que en realidad no tengo que hacer tanto, que en realidad no tengo que llegar a ningún lado, que los niños no necesitan tantas cosas, tantos ir y venir. Podría ser que sencillamente necesiten esta misma sensación que yo siento: sentirse sostenidos de verdad. Sostenidos desde la sencillez y la humildad.
Estos instantes de silencio recuerdo la semana corriendo, haciendo, dando, llegando aquí y allá… pero, para qué? No era más fácil estar y ser y desde aquí dar? Me reconozco una y otra vez corriendo para llegar a un lugar y haciendo para ser o dar alguna cosa. Y si simplemente me siento a ser aquí donde estoy y simplemente a dar lo que soy?

En un instante de silencio, de repente tengo a los niños a mi alrededor, en armonía jugando, contemplando, también en silencio. Cuando me entrego al silencio de la vida, de la naturaleza, de mi esencia me encuentro en una armonía sorprendente…
Ah que no hay que hacer nada para crear un ambiente harmónico en casa… que en realidad se trata de dejar de hacer, de dejar de querer, de dejar de pensar…
A este lugar de paz llego una y otra vez después de un parar y escuchar el silencio, pero vuelvo a caer en la carrera de obstáculos del hacer diario que parece que quiere que vayas a algún lugar a ser alguna persona i con el pensamiento extraño que cuando llegue al lugar y sea esa persona entonces seré feliz.

Pues no quiero ser feliz. Quiero ser y desde aquí dar, a mis hijos y a la vida lo que soy. Por que, ahora mismo, sé que ya soy.