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En lo pequeño descubrimos lo grande

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Siempre digo que en las pequeñas decisiones diarias están las grandes hazañas. Las grandes decisiones normalmente vienen de la mente, es en el dia a dia, en lo cotidiano, en lo cercano donde se pueden transformar las cosas de verdad, en cada minidecisión.
Estos dias, gracias al reto de 21 dias, en contacto con mujeres que andan el camino de amarse, amarse sin más, veo detalles que m’enamoran, detalles que sé son el motor de cambio, que pasan desapercibidos por que no son grandes decisiones, cambios de rumbo o timonazos… senzillos cambios, que hacen que la transformación sea posible.
Una mujer que decide ante una exigencia en el trabajo de “rápido hazme esto en un segundo, dice no! voy al baño primero, luego con calma te lo hago”. Se prioriza, prioriza su necesidad físca, cuántas de nosotras nos aguantamos el pipi haciendo y haciendo…
Una mamá que decide un día, que ella lo tiene libre y su hijo quiere estar con ella, quedarse con él y no lo lleva al cole… contra la idea de adaptación progresiva, contra la idea del qué diran, etc. Prioriza su sentir, el placer de estar con su hijo, en calma. Su hijo va con más ganas al dia siguiente.
Una mujer que decide levantar-se en el turno de las 6 (en vez del de las 6’30h) para sentir el silencio de su casa cuando acaba la práctica… tomar su infu en el silencio, consigo misma.
Una mamá que decide no dormir en casa de su madre porque el espacio no es el adecuado y prioriza la práctica de yoga a la ayuda logística y se da cuenta que no necesita esa ayuda logística, se da cuenta que lo que le pide a su madre no es que cuide a sus hijos sino a ella, y eso tenía un precio emocional, que no veía, muy alto. La decisión prñactica le lleva a un cambio de mirada profundo de la relación con su madre.
Priorizarse empieza en los pequeños detalles, en las pequeñas decisiones, que generan cambios, los grandes cambios esos que tanto pensamos, esperamos y no hacemos, o que no vemos porque no dejamos espacio… Porque la fuerza y la energía para mover lo grande nace del contacto con lo pequeño, de lo que pasa desapercibido, de lo silenciado: el cuidado en los detalles de nosotras mismas. Pongamos la mirada en estos pequeños detalles y sentiremos la fuerza para transformar a lo grande lo que no nos sienta bien.
Gracias a las 22 mujeres que hecen el reto, por la tribu que han creado y el amor, por los detalles que hacen que éste, mi trabajo, sea increiblemente maravilloso.

La imagen es de una mujer del reto que hizo su práctica en la naturaleza cuando estaba de finde con su furgo. (Porque las excusas son siempre de la mente, el corazón no pone excusas a cuidarse)

Embarazada y madre en tiempos de conflicto

Para todas las embarazadas y madres:

Somos los úteros que contienen y nutren la nueva  generación, lo que sentimos, irradiamos y el ambiente que creamos (interno y externo) es el ambiente en que se creará y crecerá esta nueva generación.

Los momentos que vivimos son duros y despiertan muchas emociones, removidas y miedo. Está en nuestras manos gestionar y transformar estas emociones para que esta generación no crezca en un ambiente de odio ni miedo, sino que de desarrollen y vivan entre células llenas de amor y paz.

No se trata de evadir estas emociones, no se trata de reprimirlas ni hacer ver que no están. Se trata de canalizarlas, de aprender a gestionarlas y liberarlas. Las mujeres tenemos este poder: el de la creación y el de la transformación de la energía (lo hacemos en nuestros vientres) utilizémoslo a favor de nuestros hijos y de un futuro mejor.

Cómo lo podemos hacer a nivel práctico?

Bajar al cuerpo

Si se te despierta RABIA, baila al son de los tambores y repica los pies contra la tierra, suda y libera…
Si sientes TRISTEZA pinta, crea, canta, cose… Canaliza la profundidad de la tristeza en creación. Y llora! Sin complejos.
Si sientes MIEDO medita, silencia la mente, siente la vida pasar por tu cuerpo. Haz respiraciones conscientes durante 10 minutos. Y que tu atención esté en el vientre inflándose y desinflándose.

Protégete en la medida de lo posible, evitando información que te cree mala sangre, evita  la violencia y entornos violentos, de acción y de palabra, mide el tiempo que dedicas a este tema.

Y sal a la naturaleza, respira el aire del bosque, toca la tierra y el mar, toma la Luna y el Sol… la vida está en la naturaleza y en tu cuerpo y la confianza en la vida nace cuando estás conectada a ella.

Y no digo de no actuar… claro! Pero desde el corazón, desde la verdadera energía femenina, aportando desde nuestro PODER,  el de la transformación y la cración de un mundo mejor. Sumando ideas, organizando ( que de eso sabemos mucho)creando espacios de encuentro y apoyo, haciendo tribu y red… y en las manifestaciones siempre que nos sintamos seguras.

La siguiente generación está en nuestras manos, pongamos los medios para crear un espacio de libertad: poliítico, social y sobretodo interior.

los segundos, terceros o cuartos…

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Cuando nos quedamos embarazadas del segundo (o el tercero o cuarto), aunque sea buscado y deseado, muchas veces, nos invade una pequeña culpa… por el otro o la otra hija. De repente, sentimos que se nos divide el corazón. Nuestro nuevo estado prevalece delante de él o ella?  Toda la presencia, mirada, atención que le dimos al primero cuando estaba en nuestro vientre vamos a poder dárselo al segundo? y si lo hacemos… dejaremos de atender, mirar y amar al primero con la misma intensidad?

He sentido esa culpa en todos mis embarazos. Esa sensación de tener que elegir… o de dividirme a ratos, hacer turnos de necesidades, ignorar necesidades del cuerpo en pro del otro, por que… “pobercito”… Atender desde la culpa, lactar desde la culpa, desatender de repente por que el cuerpo no da más. Siempre sumergida en la dualidad: o ellos, mis hijos ya nacidos, o mi estado: el ser que habita mi vientre y yo. Sus necesidades o las mías.

Nunca sentía el derecho a priorizar el embarazo y sus necesidades, como lo hice con mi primer hijo. Siempre sentía que tenía que llegar a todo, a todos, sí o sí, a costa de mi, claro, desde la mente, la programación, la planificación, desde la dualidad de o yo o el resto. El resto siempre iba delante.

Hasta ahora.

Un día me llega la imagen de un bebé recién nacido y me despierta ese instinto ignorado por la mente y la culpa. Recuerdo la fragilidad y la fuerza de cada uno de mis hijos al nacer, cómo agarran con fuerza el pezón y cómo su piel es tersa, rosada, frágil. Ese momento en que todo está por hacer y todo es posible. Que tus brazos son su seguridad y tu piel y tu olor su hogar, ese momento en que mirarlo es lo único que te apetece. Cuando sientes que depende de ti y eso no es una carga, sinó un placer, tan pequeñito, tan lleno de vida. Ese momento en que se lo das todo sin nada a cambio, ese momento en que comprendes qué es la entrega. Ese momento en que él es tu prioridad en la vida.

Ha vuelto ese instinto olvidado, sentir el embarazo en plenitud y sentir la presencia de mi vientre latir en todas mis células. Ha despertado la fuerza de la importancia del momento que vivo. Reconocer el nuevo ser que se forma en mi interior con mi energía, mis pensamientos, mi presencia… Ese ser frágil y fuerte a la vez, que se convertirá en personita y que llegará aquí a través de mi.

Y comprendo que estar embarazada no es una cosa más que te pasa en tu dia, además de la reunión de trabajo, de la comida que tienes que preparar, de la conversación pendiente con tu pareja, ni la adaptación de tu hijo, no es una cosa más, es una estado en el que estás. No es algo externo, que viene y se va,  que se cuida a ratos, o se atiende cuando se puede… Estás en el estado de creación de un ser. Y todo es diferente.

Una embarazada no es una enferma, ni una lisiada, pero tampoco es una mujer en el que el ciclo normal reine su día a día. Tu ciclo se para, abres un espacio de nueve meses en que no estàs como siempre, estàs gestando!.

Bajo el emblema de que no somos enfermas seguimos trabajando al mismo ritmo, dando hacia fuera de la misma manera, atendiendo lo de siempre pero sin estar como siempre. Bajo la bandera “feminista” de que no pasa nada, sólo estás embarazada… seguimos al mismo ritmo ignorando las señales del cuerpo, aparentando seguir cómo siempre con la única diferencia que tienes una barriga redonda y llena, y  sentimos la culpa de querer parar pero no tener un buen motivo para hacerlo… Si encima tienes más hijos… apaga y vámonos.

Esta vez lo siento diferente, quizás por que siento que esta vez sí será el último, quizás por que la edad y experiencia de tres algo enseña, quizás porque el yoga ordena mis prioridades acallando las de la mente…

Este estado lo llena todo y es eje de mis días, ahora sí. Y sí, también tengo tres hijos más que atender pero quién dice que no los podemos atender desde este estado? Respetándonos y atendiéndolos en la misma medida y a la vez? A otro ritmo, de otra manera, cambiando dinámicas, apoyándonos en la tribu, en la comunidad, soltando la expectativa, bajando la exigencia, de ellos y la nuestra… Por qué sentimos siempre que o ellos o nostras? por que no puede ser todo?

Quizás es que tenemos demasiado inculcado que si te atiendes desatiendes lo de fuera, que si te priorizas eres egoista, que si te cuidas descuidas a todo lo demás, que si has decidido quedarte embarazada apechugas… y sinó lo has decidido haberlo cuidado.

En muchos momentos ya he sentido la necesidad de cuidarme para cuidar, de atender mis necesidades para realmente entregarme a las de mis hijos… pero estando embarazada sigue resurgiendo la idea de “o ellos o yo”, la culpa de volver a abandonarlos en pro de otro bebé que necesita más, que requiere de más presencia y cuidado. Así que el embarazo tiende a ser un esfuerzo por atender lo que crees que después, una vez nacido, no podrás. Pero no nos engañemos cuando nazca estaremos en el mismo lugar de culpa y seguiremos atendiendo y desatendiendo a partes iguales por que no integramos la idea de que todo es posible, que todo a la vez es posible de otra manera, soltando muchas cosas y pidiendo ayuda, claro!
Y sobretodo: confiando! En que los otros hijos tienen las herrmientas para afrontar el cambio, para integrarlo, para acoger tu estado, tu manera nueva de estar… Les dimos lo que necesitaban en su momento, el amor, la presencia y los cuidados que crearon la base de una buena autoestima, un vínculo irrompible, elástico y adaptable a los momentos de la vida. Y me entrego a que sigan enseñándome en este nuevo estado, a darles la oportunidad de crecer de este nuevo reto.

Vuelvo a conectar con la magia de la creación, con el poder de la creación, veo mis ojos brillar de esa manera especial, me siento llena sin hacer nada y con el impulso de cuidarme, de escucharme, de sentir cada fase del embarazo con presencia, dedicándole la energía que requiere… Y sí, le he pedido a mi pareja que sostenga él un poquito más la casa y los niños para poder centrarme en el embarazo, y él va a tener que reorganizar sus cosas, claro, pero por qué no? Él también participa, a su manera, de este embarazo, con su energía y con sus habilidades.

Un bebé vive 9 meses en el vientre, los nueves meses más importantes de su vida, una sola vez, no repetirá la experiencia… y no se merece ser el centro? Y yo también siento eso como mi necesidad, de hecho, la naturaleza así lo prevee, y las señales del cuerpo son claras cuando no escuchamos esa necesidad.

Ahora vivo a otro ritmo, uno que acoge todo, que me permite estar más cerca del cuerpo que de lo socialmente bienvisto, aun así hasta ahora no me he dado cuenta que sutilmente estaba en la dualidad, otra vez, o ellos o yo. Pero ya voy entendiendo que cuando te priorizas… no significa no hacer nada, no trabajar o no estar con ellos… significa hacerlo desde el lugar en el que estoy, sin pretender ser o estar diferente, escuchando mis ritmos y mis verdaderas necesidades de recogimento y apertura, de movimiento y descanso, integrando a mis hijos y el trabajo en mi nueva manera de hacer y estar, y no al revés, descubriendo nuevas maneras de hacer las cosas, y permitiendo que me sorprenda el resultado en vez de controlarlo.

Ahora priorizo este estado por encima de TODO! Sin culpa, sin remordimiento, sin miedo.

 

Todo está en mi

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En los momentos de más crisis con los niños, cuando más desbordada me siento por la logística, cuando más me cuesta encajar sus cambios y sus nuevas maneras, cuando siento que estan en desequilibrio… donde pongo más mirada es en mi.

Y todo lo que les pido a ellos (pareja incluida) me lo pido a mi misma. Ahora ya sin excusas de no hay tiempo, ni medios.

Es urgente que las madres (y padres) nos pongamos manos a la obra en responsabilizarnos de todo lo que nos pasa, de lo poco que nos cuidamos y de lo mucho que evadimos, para no traspasar nuestras neuras a nuestr@s hij@s.

Todo lo que ves en tu entorno es parte de ti: ama lo que rechazas y reconoce lo que admiras… en ti.
Siempre desde el amor y sin culpa!!!

Porqué no quiero estar con mis hijos?

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El otro día una mamá después de una charla taller me decía… “cuando preguntaste qué es para ti cuidarte, qué haces para cuidarte, y cargar energía ?… la mayoría, lo primero que pensamos fue en dejar a los niños y hacer algo para nosotras, solas. Huir de la cotidianidad, del quehacer diario. Pero tu dices que estar con tus hijos te carga de energía… que cuando piensas en cuidarte, entre otras cosas, es estar con ellos haciendo cosas o simplemente estando. Por que no nos pasa eso a nosotras?”

Cuando mis dos primeros hijos eran pequeños no podía estar sola con ellos, me desbordaba o me aburría, o me agobiaba, sólo hacía y hacía, lavadoras, cenas, limpiaba, ordenaba… tenia aversión a estar sola con ellos, acompañándoles. Me buscaba planes, íbamos al parque, a comprar… hacer y más hacer, por no estar ni ser.

En secreto sentía que no quería estar con ellos. Quería que pasaran las horas, las tardes, los días… los años… pensaba, “bueno cuando crezcan ya jugaran solos, o seran más independientes… será más fácil” esperaba y esperaba que llegara su padre, que me tocara mi momento, sin ellos.

Mucho tiempo guardé la culpa de sentir no poder sostenerlos, no querer sostenerlos, en definitiva no querer estar con ellos.
Cuando Jordi empezó a viajar no me quedaba otra que ESTAR todo el día con ellos, no iban al cole, acabábamos de mudarnos, no conocía a nadie…

El doloroso secreto seguía encerrado, entre barrotes de culpa y olor a sacrificio.

Conocí el Yoga por estar embarazada de Auró, y me permitió probar el estar cada día conmigo. En el momento de la meditación no soportaba estar conmigo misma. Me dolía todo, me picaba todo, me molestaba la postura, los pensamientos, los ruidos,… desistía rápido.
Me fui dando cuenta que estar con ellos, acompañándolos sin juicio, sin dirigir, sin expectativa, se parecía mucho a la sensación que tenía al meditar.

Comprendí una tarde de conflictos con mis hijos una cosa: en realidad, con quien no quería estar era conmigo misma, no con ellos.

Estar con los niños, en silencio, acompañando, sin dirigir, escuchando verdaderamente, sin proponer, sin expectativas ni juicios significa parar, parar la máquina mental, significa aterrizar EN EL PRESENTE, al presente que ellos viven, al absoluto, ese que permite ver como estás y te chiva qué necesitas verdaderamente, que muestra tu realidad emocional no atendida, no mirada.
Y eso es tan insoportable tantas veces, es tan doloroso, que preferimos seguir haciendo, seguir planeando, seguir en la mente pensante, esperando que llegue tu momento, sin ellos, a solas, para evadirte, no para cuidarte, esperando que lleguen esos momentos de desconexión de ellos y de ti.

Cuando pude tomar conciencia de cuanto me incomodaba estar conmigo, sola, pude soltar la culpa de mala madre que encerraba el dolor de no sentirme, no escucharme, no atenderme. Y empecé a escucharme, empecé a sentirme, a vivir más presente en mi, en la vida, en mis necesidades auténticas… poco a poco, sientes, sencillamente te sientes. Te permites estar  donde estás, te escuchas aunque no sea lo que la mente quiera oir, y empiezas a actuar. Y poco a poco te empieza a gustar estar contigomisma, te empiezas a amar.

Empecé a disfrutar de estar con ellos, a disfrutar de verdad. Ya no me resulta doloroso, ni incómodo, es más, siento el placer de volver a la tierra, al cuerpo, al ritmo natural. Como quién va a la naturaleza para desconectar, y siente calma, siente más el cuerpo y se siente más viva. A mi me pasa con ellos, ellos me muestran el ritmo de la naturaleza, el auténtico, el presente amoroso, el placer de sentir el cuerpo, el silencio que te reconforta. Ese espacio donde no hay tiempo, ese espacio donde Ser, sencillamente Ser quien eres.

Así que a esa mamá y a todas, estar con nuestros hijos nos carga de energía siempre! si nos permitimos ser y estar presentes, si dejamos la mente en reposo, si nos colocamos en el cuerpo y respiramos con el corazón abierto. Ellos son los maestros de cómo hacerlo, de cómo ser, sin juicio ni objetivo, sin miedo ni culpa.  Ellos son los que nos acomapñan a nostras, a sentirnos plenas otra vez, plenas de amor, plenas de nosotras mismas, como ellos lo estan cada día.

La tristeza que va y viene y se queda

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A veces, aquí en el paraiso, aunque salga el Sol, estoy triste.

A veces las emociones llegan y se quedan un tiempo. Algunas me cuestan más que otras y la tristeza es mi punto débil, intento echarla de todas las formas posibles, la evito con evasión, la ignoro con distracciones, es decir, con el hacer, hacer y más hacer. Pero a veces se instala y se acomoda. Entonces intento echarle la culpa a algo o alguien, el trebajo se lleva el primer lugar, echarle la culpa al trabajo hasta ahora era fácil, pero ahora ya no, me encargué en momentos de lucidez que me apasionara, que me llenara y ya no puedo usarlo como excusa. El segundo lugar por excelencia es mi pareja, él se convierte en el saco de las culpas de mi tristeza y de mi infelicidad. Una amiga descubrió mi trampa (y la suya) y se preguntó en voz alta: y si él se va y la felicidad no vuelve?

Él, un día, decidió no abandonar el barco aunque la tristeza sople las velas y yo descubro, una y otra vez, mi estrategia: personificar mi dolor y deshacerme de él haciéndole las maletas.

 

Decido quedarme.

 

Y la tristeza no se va.

 

Es lo que nos pasa a los que tenemos traumas infantiles, que no somos pocos, que de vez en cuando el alma decide sanarse un poquito, dejamos, sin querer, espacio y tiempo y la emoción de antaño se expresa y sin pedir permiso, sale a la luz invadiendo y tiñendo el día a día de gris.

Lo que más me cuesta es aceptarla, permitir que se quede el tiempo que necesite sin miedo a creer que será para siempre. La controlo en tiempo e inetensidad para que no se expanda demasiado y la reprimo y manipulo dejando a mi cuerpo sin energía.

Miro por la ventana y veo la luz gris de la luna llena, iluminando el campo. El gris depende de cómo lo mires es bonito.

Por primera vez me aflojo y pienso en cuidar esta sensación que me inunda, no voy a rechazarla, permito que esté conmigo el tiempo que quiera, no lucho, la abrazo, le sonrío… Y descubro que tiene muchas cosas que contarme y que en un día no vamos a tener suficiente, así que le he hecho un hueco en mi cama y cada noche le doy las buenas noches, me susurra una sonrisa y siento que ya no lo tiñe todo ni lo inunda todo por que sabe que tiene su lugar y es bienvenida siempre que quiera.

regalos originales

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Este año puedes regalar diferente: pudes regalar un mes de yoga, o un trimestre. Puedes regalar un Taller: “Madres felices, hijos felices”. O una charla sobre educación amorosa y respetuosa o todo un ciclo. O lanzarte a la psicina y regalarle un reto para que se ame cada día un poco más… tu decides, abre los ojos y el corazón y regala amor, conciencia, experiencias, aprendizajes, motivación, autoestima, armonía, salud,…

Ponte en contacto conmigo y te haré un bonito vale, o si te interesa algo más sofisticado, un bonito packagging.