Al final del tunel… tierra

Entiendo cuando me dijiste, tantas veces, que me protegiera, ahora lo entiendo…

Cuando crias y amamantas, cuando gestas, cuando cuidas, cuando atesoras la infancia, cuando te acercas a la inocencia, a la humildad de ser, a la pureza de lxs niñxs y te entregas, te abres para dar y permitir, para ser y sostener…

Te tienes que proteger…

Porque la inhumanidad se ilumina, la dureza, la injustícia, el desequilibrio, el desamor emergen como salvavidas en un naufragio…

…y duele.

y te dicen protégete… con lo tuyo es suficiente, lidiar con el puerperio es mucho… no sumes desequilibrio…

y no te proteges…

…en este mundo protegerse es aislarse… con lo tuyo…

y duele.

Sientes cómo tu anterior mundo se derrumba, despiertas en una pesadilla de realidad, y nunca es fácil seguir mirando, seguir quieta, mirando…. y … si el ancla es suficiente, si el sostén aguanta, si la fuerza persiste, te quedas y ves la luz y la sombra a partes iguales y el mundo te parece más oscuro que nunca, insuficiente para dar a tus crias un lugar donde crecer sanas, amorosas…

Ves su luz… y también la oscuridad que les rodea…

Tu realidad interior emerge, esa de la que has huido tantos años, la mochila que llevabas detrás para no verla, empieza a abrirse sin permiso, y sientes su peso, y te invade de sensaciones y dolores que no tienen nombre, de lágrimas sin control, de rabia desatada… pero te resites. La escondes en el último agujero, ese por el que han salido tus retoñxs.

Pero ya se ha abierto la caja de pandora sin música ni confetti.

Y tu exterior toma su forma. Y aunque corras todo lo que ves tiene su textura, color y olor. Y te ahoga. y sigues huyendo como si no fuera tuyo…

Ahora lo entiendo, entiendo por qué me decías que me protegiera, con lo mío tenía suficiente. Pero tranquila, no he huido, me he quedado lo suficientemente quieta para ver mi reflejo…

…y darme cuenta al final del tunel… hay tierra.

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Bebes y naturaleza

Tendemos a proteger a los bebes de la naturaleza porque los vemos frágiles e indefensos pero no olvidemos que es su medio natural más que una alfombra llena de estímulos por sus colores y texturas plásticas.
Riu me pide con su cuerpo que lo saque de la mochila cuando vamos por el bosque para ver, tocar, oler… Llevarlo en brazos es un regalo por ver cómo experimenta e interactúa, a su tierna edad, con el entorno.

Desde recién nacidos es necesario que los bebes interactúen con la naturaleza, la naturaleza ofrece estímulos infinitos y adecuados para saciar su sed sensorial, y nunca son demasiado… ni les estresa ni les excita… El cerebro del bebé va absorbiendo aquello que es capaz de integrar, ni más ni menos, son estímulos ricos pero que a la vez calman el sistema nervioso.

Recuerdo cuando vivía en Barcelona y mi hijo mayor era bebé, al caminar por la ciudad sentía claro que el ruido de una moto o un coche le sobresaltaba por no ser un sonido natural, su cerebro tenía que hacer un sobreesfuerzo para integrarlo, identificarlo, y adaptarse a él… en la naturaleza eso no sucede, el cerebro humano está preparado, es más, en su ADN están ya grabados estos sonidos como parte de un entorno seguro y cercano.

Todo este estímulo sensorial hace que, los bebés, empiecen a mover el cuerpo: siguiendo un pájaro con la vista mueven la cabeza, queriendo coger una hoja mueven el tronco, los brazos, los ojos… El desarrrollo motor de los bebés se desplega gracias a los estímulos que el entorno les proporciona, por eso es tan importante llevarlos en brazos en el bosque, la playa, el campo… cuando son chiquitos, ni en carro y poco en mochila o fulard, brazos, para que ellos puedan tocar, oler, desplazarse para seguir una mariposa, oler el árbol, tocar el tronco, rascar la tierra. También es importante ir siempre con una manta para estirarlos en el suelo, que puedan ver el movimiento de las hojas bajo un árbol, el Sol y su luz cambiando, desplazarse y girarse en un terreno con bultos, acercarles elementos naturales, piedras (que os hagan sentir seguras), palos, hojitas…

Cuando ya son más mayores y gatean, qué importante dejarlos en el suelo, que gateen, toquen, chupen, descubran…

Recuerdo todo ese aprendizaje en Moixaina, con mi segundo hijo, yo veía y sentía a mis hijos frágiles, que sólo los podría dejar en el suelo de casa, sobre su manta. Pero allí vi a bebés entrar en contacto con la naturaleza de forma extraordinaria, bebes que se arrastraban en un mantita acercándose al borde para tocar la hierba, comer hojitas, bebes pequeños pequeños con cara de felicidad viendo las hojas de los árboles moverse al son del viento, gateadores investigando la base de un árbol, agarrados a los troncos intentando chupar la corteza, recuerdo un bebéde corta edad subiendo y bajando de una rama bajita de un árbol con un equilibrio extraordinario, aun no caminaba pero ya trepaba… Constaté la fortaleza de los niñxs combinada con su suavidad, ya desde bebés.

Con Auró, viviendo ya en la naturaleza, fua así… paseos a diario con él en la mochila y en brazos, mantitas en cada llano que encontrábamos, en el jardín inmediato de casa, se relacionó mucho más con palitos y hojitas que con sonajeros. y en sus cacas encontraba restos de sus exploraciones. Recuerdo las siestas en la hamaca balanceándonos, sueños más relajadas, como recomiendan en los paises nórdicos, y en primavera y verano pasar casi todo el día fuera…

Ahora Riu me recuerda toda esa etapa, grabada en mi memoria con tanto cariño. Con Ot recuerdo sacarle de las manos las piedras y los palitos, llevarlo en brazos para que no gateara por la arena… y ahora todo lo contrario, con Riu observo cómo empieza a interactuar, cómo se desarrolla su curisoidad, cómo se relaja con la brisa, los olores del bosque, y cómo toca, e intenta coger lo que se va encontrando.

Volvemos, poco a poco, ahora con él, a pasar los días fuera y acabar el día con esa sensación de cansancio lleno, cansancio mezclado de plenitud, acabar el día con buen sabor de boca, de buen humor, con los músculos relajadamente cansados, con la tez dorada por el sol, entre silencios que auguran dormirse más temprano…

El desarrollo cerebral es mucho más rico en la naturaleza que en los espacios artificiales, su desarrrollo motor y estimulación sensorial son mucho más amplios en ella, sin duda.

Y su desarrollo emocional, sus recuerdos y memoria se llenan de sensaciones y vivencias de amor, de confianza. Con colores, olores y sonidos que de mayores les transportarán a su infancia.

(Recomiendo el libro “Equilibrats i descalços” Angela J. Hanscom)

la naturaleza como espacio de juego

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Aran construyendo cabañitas para los animales, hadas o duendes. Ot construyendo, simplemente.
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Estas imágenes me encantan por que me recuerdan que mis hijos no necesitan casi juguetes ni material de juego… la naturaleza nos provee de los mejores juguetes y material inimaginable.
Somos una familia bastante austera, sentimos que menos es más, pero a veces (supongo que por la presión mediática) pensamos que deberíamos comprar más material o juguetes a los niños.
No sé si os pasa que cuando veis o creéis ver alguna dificultad o carencia en el niño, ya sea que descubrís que tiene  poca habilidad con las manos, o que lee poco o mira pocos cuentos, o que es patosa/o corriendo o saltando, que casi no juega a construir, o que pinta mal para su edad… la solución siempre pasa por comprar algo, un material, un libro, un juego.

A mi me pasa, y las veces que he comprado el objeto de la “solución”, me doy cuenta que estoy forzando desde lo material en vez de observar, que estoy juzgando (que algo hace mal o poco) en vez de acompañar su ritmo, que estoy delegando en un material en vez de responsabilizarme y poner mirada y presencia a esa carencia.

Lo que mis hijos me han enseñado es que el material está en todas partes, todo es un juego, fregar platos, un cazo, las cortinas, cantar, las piedras, una revista, comprar, cualquier cuerdita, una caja, una botella, muchas tapas, ir en coche, … Somos los adultos que no vemos eso  por que no tenemos esa mirada de niño que ve que la vida es juego.
La naturaleza es nuestra gran aliada, la que proporciona un sin fin de material y juego, la que nos provee de todo lo que necesitan los niños, la que es rica en opciones y posibilidades.
No encontraremos nunca una juguetería mejor que la naturaleza.
A veces los niños reaccionan a la naturaleza con rechazo y se quejan: me pincho, está sucio, el suelo está duro, no puedo subir, bájame del árbol, me he rascado, hay un bicho, se me llenan los pies de arena, el agua se mueve… por qué?
Nosotros venimos de la ciudad y nuestro hijo mayor creció sus primeros años allí. Cuando íbamos a la naturaleza todo le molestaba… y a nosotros en parte también pero no lo reconocíamos. Me di cuenta que a mi hijo le faltaba horas y horas en la naturaleza, dejar de decirle: cuidado, no te ensucies, eso a la boca no, te vas a caer, no toques el bicho, que pica. Y dejar de asustarme yo cada vez que sentía un cosquilleo que me subía por la pierna.
Con la práctica y ahora que vivimos en ella y salimos cada día, me he dado cuenta que como todo, ellos necesitan su ritmo y su proceso de adaptación, re conectarse con lo que son, por que ellos son naturaleza. De hecho estamos más próximos a un árbol que a un plástico, el árbol está hecho de muchas cosas de las que nosotros también, así que vibramos similar, sólo hace falta que nos reconciliemos y nos re conectemos con lo que somos.
Darles tiempo es la clave, escucharlos, y sobretodo no juzgarlos.
Lo importante es que cuando llegas a un lugar: playa, bosque, montaña, te estés sentado largo tiempo, el suficiente para que exploren, suban, bajen, corran, salten, miren, encuentren, toquen, dejen, experimenten, para que se sientan seguros y así puedan sumergirse en un juego, en una exploración concreta o empiecen a relacionar materiales y objetos.
Mis hijos cuando llegan a un lugar primero lo exploran desde el cuerpo, en plan sala de psicomotricidad, después del subidón de energía llega la calma, juegos tranquis, juego simbólico, si juegan juntos, o se concentran cada uno a lo suyo.
Se repite este proceso cada vez que salimos, primero cuerpo, luego mente y luego alma.
Así cuando están concentrados en SU juego, inventado, simbólico, experimental… es cuando están actuando des del alma, cuando están conectados con quienes son, y lo que necesitan.
Estos momentos en que les hablas y no están, el tiempo pasa y no se enteran, en ese momento es cuando su alma se expresa a través de su cuerpo. Es cuando él o ella son..
Estar en contacto con la naturaleza nos aporta infinitos beneficios, recarga, re conexión, equilibrio, y para ellos es la oportunidad de regresar de dónde vienen.
Siempre que puedas corre a un parque que tenga tierra, un bosque lleno de árboles o la playa. Es bueno para ellos y para ti.