Al final del tunel… tierra

Entiendo cuando me dijiste, tantas veces, que me protegiera, ahora lo entiendo…

Cuando crias y amamantas, cuando gestas, cuando cuidas, cuando atesoras la infancia, cuando te acercas a la inocencia, a la humildad de ser, a la pureza de lxs niñxs y te entregas, te abres para dar y permitir, para ser y sostener…

Te tienes que proteger…

Porque la inhumanidad se ilumina, la dureza, la injustícia, el desequilibrio, el desamor emergen como salvavidas en un naufragio…

…y duele.

y te dicen protégete… con lo tuyo es suficiente, lidiar con el puerperio es mucho… no sumes desequilibrio…

y no te proteges…

…en este mundo protegerse es aislarse… con lo tuyo…

y duele.

Sientes cómo tu anterior mundo se derrumba, despiertas en una pesadilla de realidad, y nunca es fácil seguir mirando, seguir quieta, mirando…. y … si el ancla es suficiente, si el sostén aguanta, si la fuerza persiste, te quedas y ves la luz y la sombra a partes iguales y el mundo te parece más oscuro que nunca, insuficiente para dar a tus crias un lugar donde crecer sanas, amorosas…

Ves su luz… y también la oscuridad que les rodea…

Tu realidad interior emerge, esa de la que has huido tantos años, la mochila que llevabas detrás para no verla, empieza a abrirse sin permiso, y sientes su peso, y te invade de sensaciones y dolores que no tienen nombre, de lágrimas sin control, de rabia desatada… pero te resites. La escondes en el último agujero, ese por el que han salido tus retoñxs.

Pero ya se ha abierto la caja de pandora sin música ni confetti.

Y tu exterior toma su forma. Y aunque corras todo lo que ves tiene su textura, color y olor. Y te ahoga. y sigues huyendo como si no fuera tuyo…

Ahora lo entiendo, entiendo por qué me decías que me protegiera, con lo mío tenía suficiente. Pero tranquila, no he huido, me he quedado lo suficientemente quieta para ver mi reflejo…

…y darme cuenta al final del tunel… hay tierra.

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los segundos, terceros o cuartos…

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Cuando nos quedamos embarazadas del segundo (o el tercero o cuarto), aunque sea buscado y deseado, muchas veces, nos invade una pequeña culpa… por el otro o la otra hija. De repente, sentimos que se nos divide el corazón. Nuestro nuevo estado prevalece delante de él o ella?  Toda la presencia, mirada, atención que le dimos al primero cuando estaba en nuestro vientre vamos a poder dárselo al segundo? y si lo hacemos… dejaremos de atender, mirar y amar al primero con la misma intensidad?

He sentido esa culpa en todos mis embarazos. Esa sensación de tener que elegir… o de dividirme a ratos, hacer turnos de necesidades, ignorar necesidades del cuerpo en pro del otro, por que… “pobercito”… Atender desde la culpa, lactar desde la culpa, desatender de repente por que el cuerpo no da más. Siempre sumergida en la dualidad: o ellos, mis hijos ya nacidos, o mi estado: el ser que habita mi vientre y yo. Sus necesidades o las mías.

Nunca sentía el derecho a priorizar el embarazo y sus necesidades, como lo hice con mi primer hijo. Siempre sentía que tenía que llegar a todo, a todos, sí o sí, a costa de mi, claro, desde la mente, la programación, la planificación, desde la dualidad de o yo o el resto. El resto siempre iba delante.

Hasta ahora.

Un día me llega la imagen de un bebé recién nacido y me despierta ese instinto ignorado por la mente y la culpa. Recuerdo la fragilidad y la fuerza de cada uno de mis hijos al nacer, cómo agarran con fuerza el pezón y cómo su piel es tersa, rosada, frágil. Ese momento en que todo está por hacer y todo es posible. Que tus brazos son su seguridad y tu piel y tu olor su hogar, ese momento en que mirarlo es lo único que te apetece. Cuando sientes que depende de ti y eso no es una carga, sinó un placer, tan pequeñito, tan lleno de vida. Ese momento en que se lo das todo sin nada a cambio, ese momento en que comprendes qué es la entrega. Ese momento en que él es tu prioridad en la vida.

Ha vuelto ese instinto olvidado, sentir el embarazo en plenitud y sentir la presencia de mi vientre latir en todas mis células. Ha despertado la fuerza de la importancia del momento que vivo. Reconocer el nuevo ser que se forma en mi interior con mi energía, mis pensamientos, mi presencia… Ese ser frágil y fuerte a la vez, que se convertirá en personita y que llegará aquí a través de mi.

Y comprendo que estar embarazada no es una cosa más que te pasa en tu dia, además de la reunión de trabajo, de la comida que tienes que preparar, de la conversación pendiente con tu pareja, ni la adaptación de tu hijo, no es una cosa más, es una estado en el que estás. No es algo externo, que viene y se va,  que se cuida a ratos, o se atiende cuando se puede… Estás en el estado de creación de un ser. Y todo es diferente.

Una embarazada no es una enferma, ni una lisiada, pero tampoco es una mujer en el que el ciclo normal reine su día a día. Tu ciclo se para, abres un espacio de nueve meses en que no estàs como siempre, estàs gestando!.

Bajo el emblema de que no somos enfermas seguimos trabajando al mismo ritmo, dando hacia fuera de la misma manera, atendiendo lo de siempre pero sin estar como siempre. Bajo la bandera “feminista” de que no pasa nada, sólo estás embarazada… seguimos al mismo ritmo ignorando las señales del cuerpo, aparentando seguir cómo siempre con la única diferencia que tienes una barriga redonda y llena, y  sentimos la culpa de querer parar pero no tener un buen motivo para hacerlo… Si encima tienes más hijos… apaga y vámonos.

Esta vez lo siento diferente, quizás por que siento que esta vez sí será el último, quizás por que la edad y experiencia de tres algo enseña, quizás porque el yoga ordena mis prioridades acallando las de la mente…

Este estado lo llena todo y es eje de mis días, ahora sí. Y sí, también tengo tres hijos más que atender pero quién dice que no los podemos atender desde este estado? Respetándonos y atendiéndolos en la misma medida y a la vez? A otro ritmo, de otra manera, cambiando dinámicas, apoyándonos en la tribu, en la comunidad, soltando la expectativa, bajando la exigencia, de ellos y la nuestra… Por qué sentimos siempre que o ellos o nostras? por que no puede ser todo?

Quizás es que tenemos demasiado inculcado que si te atiendes desatiendes lo de fuera, que si te priorizas eres egoista, que si te cuidas descuidas a todo lo demás, que si has decidido quedarte embarazada apechugas… y sinó lo has decidido haberlo cuidado.

En muchos momentos ya he sentido la necesidad de cuidarme para cuidar, de atender mis necesidades para realmente entregarme a las de mis hijos… pero estando embarazada sigue resurgiendo la idea de “o ellos o yo”, la culpa de volver a abandonarlos en pro de otro bebé que necesita más, que requiere de más presencia y cuidado. Así que el embarazo tiende a ser un esfuerzo por atender lo que crees que después, una vez nacido, no podrás. Pero no nos engañemos cuando nazca estaremos en el mismo lugar de culpa y seguiremos atendiendo y desatendiendo a partes iguales por que no integramos la idea de que todo es posible, que todo a la vez es posible de otra manera, soltando muchas cosas y pidiendo ayuda, claro!
Y sobretodo: confiando! En que los otros hijos tienen las herrmientas para afrontar el cambio, para integrarlo, para acoger tu estado, tu manera nueva de estar… Les dimos lo que necesitaban en su momento, el amor, la presencia y los cuidados que crearon la base de una buena autoestima, un vínculo irrompible, elástico y adaptable a los momentos de la vida. Y me entrego a que sigan enseñándome en este nuevo estado, a darles la oportunidad de crecer de este nuevo reto.

Vuelvo a conectar con la magia de la creación, con el poder de la creación, veo mis ojos brillar de esa manera especial, me siento llena sin hacer nada y con el impulso de cuidarme, de escucharme, de sentir cada fase del embarazo con presencia, dedicándole la energía que requiere… Y sí, le he pedido a mi pareja que sostenga él un poquito más la casa y los niños para poder centrarme en el embarazo, y él va a tener que reorganizar sus cosas, claro, pero por qué no? Él también participa, a su manera, de este embarazo, con su energía y con sus habilidades.

Un bebé vive 9 meses en el vientre, los nueves meses más importantes de su vida, una sola vez, no repetirá la experiencia… y no se merece ser el centro? Y yo también siento eso como mi necesidad, de hecho, la naturaleza así lo prevee, y las señales del cuerpo son claras cuando no escuchamos esa necesidad.

Ahora vivo a otro ritmo, uno que acoge todo, que me permite estar más cerca del cuerpo que de lo socialmente bienvisto, aun así hasta ahora no me he dado cuenta que sutilmente estaba en la dualidad, otra vez, o ellos o yo. Pero ya voy entendiendo que cuando te priorizas… no significa no hacer nada, no trabajar o no estar con ellos… significa hacerlo desde el lugar en el que estoy, sin pretender ser o estar diferente, escuchando mis ritmos y mis verdaderas necesidades de recogimento y apertura, de movimiento y descanso, integrando a mis hijos y el trabajo en mi nueva manera de hacer y estar, y no al revés, descubriendo nuevas maneras de hacer las cosas, y permitiendo que me sorprenda el resultado en vez de controlarlo.

Ahora priorizo este estado por encima de TODO! Sin culpa, sin remordimiento, sin miedo.

 

La tristeza que va y viene y se queda

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A veces, aquí en el paraiso, aunque salga el Sol, estoy triste.

A veces las emociones llegan y se quedan un tiempo. Algunas me cuestan más que otras y la tristeza es mi punto débil, intento echarla de todas las formas posibles, la evito con evasión, la ignoro con distracciones, es decir, con el hacer, hacer y más hacer. Pero a veces se instala y se acomoda. Entonces intento echarle la culpa a algo o alguien, el trebajo se lleva el primer lugar, echarle la culpa al trabajo hasta ahora era fácil, pero ahora ya no, me encargué en momentos de lucidez que me apasionara, que me llenara y ya no puedo usarlo como excusa. El segundo lugar por excelencia es mi pareja, él se convierte en el saco de las culpas de mi tristeza y de mi infelicidad. Una amiga descubrió mi trampa (y la suya) y se preguntó en voz alta: y si él se va y la felicidad no vuelve?

Él, un día, decidió no abandonar el barco aunque la tristeza sople las velas y yo descubro, una y otra vez, mi estrategia: personificar mi dolor y deshacerme de él haciéndole las maletas.

 

Decido quedarme.

 

Y la tristeza no se va.

 

Es lo que nos pasa a los que tenemos traumas infantiles, que no somos pocos, que de vez en cuando el alma decide sanarse un poquito, dejamos, sin querer, espacio y tiempo y la emoción de antaño se expresa y sin pedir permiso, sale a la luz invadiendo y tiñendo el día a día de gris.

Lo que más me cuesta es aceptarla, permitir que se quede el tiempo que necesite sin miedo a creer que será para siempre. La controlo en tiempo e inetensidad para que no se expanda demasiado y la reprimo y manipulo dejando a mi cuerpo sin energía.

Miro por la ventana y veo la luz gris de la luna llena, iluminando el campo. El gris depende de cómo lo mires es bonito.

Por primera vez me aflojo y pienso en cuidar esta sensación que me inunda, no voy a rechazarla, permito que esté conmigo el tiempo que quiera, no lucho, la abrazo, le sonrío… Y descubro que tiene muchas cosas que contarme y que en un día no vamos a tener suficiente, así que le he hecho un hueco en mi cama y cada noche le doy las buenas noches, me susurra una sonrisa y siento que ya no lo tiñe todo ni lo inunda todo por que sabe que tiene su lugar y es bienvenida siempre que quiera.

Acompañar sin sobreproteger

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Ephoto by Jordi Soler Quintana

Muchos piensan que sobreprotegemos a nuestros hijos cuando los llevamos en brazos hasta que ellos deciden, cuando dormimos con ellos aun con edad avanzada, cuando damos teta hasta que caminan o corren o leen, cuando no castigamos, cuando los abrazamos después de agredirnos, cuando no chantajeamos para que se comporten…

La realidad es bien diferente… qué es sobreproteger, en realidad?

Todos ejercemos la sobreprotección con nuestros hijos, cuando queremos evitarles el dolor, las dificultades, las trabanquetas de la vida, si las entendemos así, los conflictos. Todos sobreprotegemos cuando hacemos por ellos, cuando decidimos por ellos, cuando acallamos y disimulamos sus emociones, las nuestras… por su “bien”(o el nuestro)…

Los niños han venido a vivir la vida y nosotros no podemos evitarles la vida… sería ir contra propósito vital. Ellos han venido a experimentarla en su amplio espectro, en todo su riqueza de experiencias y vivencias. Por qué nos empeñamos en no querer verles ante dificultades, ante el dolor, ante los retos que la vida nos presenta?. El dolor es la vida misma, la dificultad es un peldaño y una oportunidad, los retos son necesarios para su
crecimiento interior…

Qué nos pasa a los padres que queremos evitárselo a toda costa, acallando sus emociones, reprimiendo sus expresiones de dolor, de rabia, de ira, de alegría, de excitación… El dolor está, la dificultad existe, la tensión se produce y necesita ser expresada y acompañada.

La vida es un constante aprender, y para aprender sales de tu zona de confort y salir de tu zona de confort significa: miedo, duda, pérdida, riesgo, ganar y perder… y eso conlleva momentos de tensión y también de calma, sobretodo cuando eres niño, porque estás
experimentando, conociendo, saliendo al mundo, aprendiendo, poco a poco…  a su ritmo.

Y cuando se arriesgan, cuando salen, cuando deciden, cuando rompen, les pasan cosas y necesitan expresarlas, no les reprimamos ese expresar por que entonces desde el buenhacer de padres para evitar verlos tristes, llorando, patalendo, expresando, gritando, saltando, corriendo… les reprimimos el flujo de la vida.

Recuerdo cuando quería que mis hijos fueran estables, felices, sin conflictos, internos ni externos, sin sube y baja… y fuimos a la escuela libre para que en la libertad de ser quienes eran, desaparecieran todos esos conflictos… y recuerdo que no disminuían… seguía habiendo conflictos, rabietas, expresiones de dolor, de rabia, de tristeza, de miedo, de angustia, de alegría, de excitación… También había momentos de creación, de crecimiento, de risas, de silencios, de abrazos, de construcción… pero, qué es la vida sino?

La vida pasa a través de ellos más que de nadie porque ellos viven el momento presente más auténtico.

Entendí entonces que los conflictos no son negativos, los conflictos son conflictos cuando yo los miro así, desde mi conflicto interno, dese mi desconexión.

Sobreprotejo cuando intento que vivan sólo la parte “bonita” de la vida… pero la parte bonita que mis ojos ven e interpretan, la parte en que siempre estan tranquilos, en paz, alegres (pero no excitados), sonriendo, brillando…  mis ojos del miedo son los que ven que esa parte es la buena y que hay una parte “mala” en la vida…. mis ojos del corazón abrazan todos los momentos, estados y colores, del blanco al negro… El corazón acepta la vida en su esencia divina… completa. Por que voy a privar a mis hijos de verla también, porque les voy a negar la oportunidad de abrazar la luz y la sombra de la vida condenándolos a juzgar su sombra y sobrevalorar su luz, llevándoloes al camino interminable de ser mejores…

Los niños necesitan aprender qué es una emoción, qué le pasa, cuando y cómo, aprender a manejar y gestionar, que no reprimir, sus emociones. No los acallemos, expliquemos les qué les sucede, cómo canalizarlo, cómo no hacerse daño expresando, cómo escucharse y no engancharse, cómo relajarse, cómo conocerse y sobretodo como amarse.

Y a nosotros qué nos pasa con sus emociones?
Sabemos enseñarles a gestionar sus emociones?  Sabemos cómo gestionar las
nuestras? Nos conocemos lo suficiente para saber cuando y cómo aparecen? Cómo respirar,
como escucharnos y no engancharnos a ellas, como canalizar la energía…? Cómo aprender
del mensaje de las emociones, cómo reconocerlas cuando aparecen…?

Ahí está la clave, desde ahí es desde donde podemos cuidar sin sobreproteger, podemos acompañar sin controlar (ni reprimir), desde nuestro conocimiento de las emociones y de su gestión.
Y cómo les enseñamos? Con el ejemplo!
Si un niño pierde los papeles, nosotros mantenemos la calma o perdemos los papeles? nos ponemos a su altura, gritamos, aporremos la puerta, contenemos violentamente, castigamos? Cuando nos suceden cosas en la vida cómo reaccionamos, cómo gestionamos, cómo vivimos las emociones? Por que recordemos que nuestros hijos son espectadores de todos esos momentos

Cómo van a saber qué hacer con esa emoción si nadie les muestra? Con tu ejemplo o con tu acompañamiento… cómo van a saber si cuando explotan en una emoción nadie les dice, con el cuerpo: tranquilo, esto que te pasa es normal, es rabia, te amo aquí también, ámate
aquí, yo también la siento a veces y a mi me va bien hacer esto o lo otro… para
no hacerme daño ni hacérselo a los demás.

Eso es proteger a nuestros hijos, darles herramientas para que cuando las vivencias de la vida los sacudan puedan mantener el equilibrio interno, sentir la luz aunque no la vean, por que confían, por que saben que las emociones pasan, que el silencio es el mejor
compañero de uno mismo, que el amor es lo que perdura siempre!

Adaptación

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Recuerdo la adaptación a la guardería de mi primer hijo, fue un desastre, yo no tenía mucha conciencia de lo que significaba, y en realidad yo no quería separarme de él pero tenía todos los argumentos para hacerlo (trabajo, dinero, soledad en la crianza, etc…). Yo no podía sostener la separación así que para que pasara rápido y fuera “indolora” lo dejaba rápido, y casi sin despedirme. Me dijo la maestra que como era bebé no hacía falta adaptación, y la creí, total él era un bebé y “no se enteraba”. Lo pasamos muy mal él y yo.

Recuerdo las consecuencias de no hacer adaptación, de salir de la clase sin decir adiós, de dejarlo llorando en brazos de la maestra… Durante los primeros meses no comía, ni dormía nada. Se pasaba toda la tarde enganchado al pecho, toda la tarde literal, por las mañanas lloraba por cualquier cosa, siempre estaba muy blandito.

Pero lo peor es cuando fue creciendo. Durante muchos años no quería que me fuera, ni a ver a la vecina, ni a cenar con amigas, ni a trabajar, lo aceptaba a regañadientes, desde el “razonamiento”, o porque le buscaba actividades para hacer superdivertidas que durante unos instantes hacía que le pareciera bien que me marchara… Más tarde, no podía salir de casa sin saber a donde iba, cuando volvería, si él iba a estar dormido o despierto cuando volviera… Fue muy difícil acompañar su dolor cuando me iba si o si. Sentía su angustia cuando preguntaba si volvería, con 4, 5 y 6 años. Fue duro el camino para que restableciera la tranquilidad de que iba a volver, que iba a estar cuidado aunque yo no estuviera… Sentía su inseguridad los instantes de mi marcha, que le recordaban el abandono que sintió cuando lo dejaba con 1 año llorando. Luego estaba bien, se sentía bien, y me lo decía. Pero esos momentos de separación en que él veía cómo me iba su cuerpo le recordaba el dolor de sentirse abandonado, despacito lo pudo ir liberando, en cada lágrima acompañada, en cada expresión de rabia atendida y en cada abrazo de retención escuchado.

Pudimos trascenderlo gracias a mucha paciencia y amor. Ahora, con 8 años, raras veces me pregunta dónde voy y a que hora volveré.

Es importante poner conciencia en la separación de la madre y el hij@. Es muy importante poner conciencia en la adaptación de una novedad tan importante cómo que otra persona se hará cargo de nuetr@ hijo@, en un nuevo espacio, con nuevas personas, en nuevos entornos…

La adaptación no es un capricho, no es un trámite, no es un protocolo, es un proceso al que dedicar atención, energía y cuidado. Y no me refiero solo a las guarderías o colegios, también a las canguros, tías, vecinas o demás personas que no son mamá o papá que se encargaran a partir de ahora, también, del bebé.

El bebé o el niñ@ necesitan sentirse seguros físcia y emocionalmente, y para eso necesitan sentir el vínculo con la persona que lo cuida, ya que él no se cuida por sí solo y necesita tener la tranquilidad interna de que estará alimentado, cuidado, y bientratado por el adulto de referencia, sino es así los bebés y l@s niñ@s viven en tensión.

La manera de sentirse protegidos, tranquilos, y que aflojen para poder dedicar su energía a desarrollarse como seres humanos, es sintiendo el vínculo seguro con ese adulto. Es sencillo, sentir amor, sentir su amor.

La manera de vincularse a alguien nuevo, sea quien sea, es conviviendo con ella, estando con ella, jugando con ella, recibiendo su atención, teniendo contacto, sintiendo su amor, pasando horas para que descubran cómo es, cómo es su energía, que aprendan su manera de hacer las cosas, sus juegos… y poco a poco así sentirse seguros a su lado, sentirse amados y respetados por este nuevo adulto.

Pero ojo, ese periodo de reconocimiento, de acercamiento, de vinculación es muy importante que se dé desde la seguridad de tener a tu mama o papa cerca.

Si los bebés o los niños se quedan con un adulto que no conocen, al que no se han vinculado, tienen miedo y sienten inseguridad interior y sí se vincularan a él, pero por necesidad, ya que saben que éste les tiene que proporcionar cuidado y protección, pero crearan un vínculo por necesidad, no un vínculo amoroso y seguro.

Y qué pasa cuando crean un vínculo por necesidad? Me porto bien para que me cuides, te caeré bien para que me cuides, haré lo que toca para que me cuides, y entonces estan más pendientes del afuera que de su interior, de cumplir expectativas que de expresar necesidades, estaran más ocupados en encajar que en ser quienes son.

Y aprenderan, desde sus primeras relaciones, a crear vínculos por necesidad. Y pensad que son sus primeras relaciones sociales y entonces, lo peor es que, cuando crecen les pasará lo que a la mayoría nos pasa, que sólo sabrán relacionarse desde la necesidad. En pareja, yo te hago feliz y disimulo lo que no te gusta de mi a cambio de que tu me hagas feliz a mi y cambies todo eso que no me gusta. O en el trabajo, no respetando mis necesidades para encajar en lo que se espera de mi, dejando de lado mis sueños para entrar en un sistema a cambio de alimento (dinero). O con amigos, haciendo cosas para quedar bien, dejando de lado mi sentir interior para caer bien y ser “aceptado” y no sentirme rechazado.

Es muy importante que nuestros hij@s creen vínculos sanos con las personas adultas que cuidan de ellos, que sientan que los aman incondicionalmente, que no les chantajearan para que se porten “bien”, que se sientan seguros y protegidos. Y esto pasa por acompañarlos durante un período de tiempo indeterminado, hasta que se sientan seguros, que tengan ese tiempo para descubrir su nuevo espacio, a las nuevas personas, los nuevos hábitos, que sean ellos los que escojan ir o quedarse con esa persona, que no sea una elección desde fuera que los obligue a crear ese vínculo por necesidad. Un tiempo para crear una relación amorosa con el nuevo adulto de referencia.

Después de tiempo entendí por que me costó tanto la separación con mi hijo mayor, su dolor, me recordaba el mío, su llanto despertaba el mío, el de cuando niña, yo también fui separada antes de tiempo de mi madre y me sentí abandonada. Ese dolor tapado por el sistema que nos hemos inventado, él lo despertó, y sí también lo he llorado, cada vez que sostenía su llanto, en presencia, con amor, soltaba mi dolor del cuerpo y del alma.

Es nuestra necesidad separarnos de ellos, no la suya, es nuestra necesidad dejarlos en el cole, no la suya, no nos engañemos. Y no nos culpemos, en nuestras manos está el cambiar las cosas y podemos empezar por una adaptación consciente, que también acompañe las emociones que se deriven (tristeza, alta demanda, rabia, etc) sin juzgar, para que pueda liberarlas y trascenderlas con amor y confianza.

2 años de mi renacimiento

Hoy es mi cumpleaños y también el de Auró. Hace dos años di a luz a mi hijo el mismo día que nací yo. Un renacimiento.
Mi nacimiento fue conflictivo, i el recuerdo gravado en mis células no muy grato.  Desde el inconsciente he saboteado la mayoría de mis cumples, nunca los viví como veía que los vivían otros, no sentía la plenitud de la celebración por la vida, simpre me acompañaba un alo de tristeza, en silencio, desde la insatisfacción íntima, como si esperara algo más, como si hiciera lo que hiciera no fuera suficiente, pero nunca supe porqué… hasta que conocí el rebirthing. Entendí que mi nacimiento, doloroso, marcó una actitud delante de los principios y los cambios, de lucha, de abandono, de nunca ser suficiente… Y así vivía mis cumpleaños y otras cosas. Hice Rebirthing. (Y sigo haciéndolo).

Entonces, Auró decidió nacer el mismo día que yo, contra pronóstico, su fecha de parto era el 18 de Abril. Se adelantó 10 días. Él ya estaba preparado.
Su parto fue maravilloso, muy conectado, rápido, intenso, introspectivo y muy terrenal. Viví el embarazo con mucha conexión con la Tierra, con mi cuerpo, con mi intuición, y el parto fue la culminación de todo ello, sentí el proceso de neciemiento en plena conciencia, conectada con mi fuerza interior, con la confianza en la vida, con la alegría interna y la sabiduría del cuerpo, de la naturaleza… Todas estas emociones se anclaron en mi,  dieron paso a una nuevo recuerdo del día de mi nacimiento. Mi memoria celular se ha transformado, gracias al rebirthing, al yoga, y a la expriencia del nacimiento de mi trecer hijo. Des de la plenitud! Puedo ver el resultado de la transformción de aquellas memorias, las memorias que generaron creencias dolorosas y que se han transformado en fuerza, amor, alegría de vivir.
Auró, agradezco que  escogieras nacer el mismo día que yo, agradezco que por tu llegada a la Tierra conociera a Imma y a Lluís, agradezco que decidieras nacer cuando estabamos a solas, tu y yo.

“Yo decido nacer y vivir y lo CELEBRO!!!”

Canalizando la rábia… al fin!

 Por fin, hoy he canalizado mis emociones de rabia, ira y desborde!!!!
Esta mañana, después de estar sola todo el día de ayer con los tres niños y avistándose un panorama similar el día de hoy. Después de varios “baches” esta mañana del tipo no hay leña en casa para encender el fuego a primera hora, no hay luz porque ayer nevó y no se cargaron las baterías (vivimos con placas solares), Auró se ha levantado super pronto con lo cual todo elquehacer matutino (ir a buscar leña, encender el generador y comprobar baterías, preparar ropa calentita y desayunos) lo he tenido que hacer con él en brazos, Jordi en cama enfermo de la barriga después de 14 horas de trabajo… el último, el conflicto que ha hecho que colmara el vaso de la rabia, la ira y el desborde, a Aran le ha caído la leche por la mesa, empapando todas las cosas del desayuno listas para tomar que había preparado tan costosamente…
Le he empezado a hablar “mal” mientras secaba con la balleta el gran charco de leche, frases que acababan con típico  “eh?, amor!” o “Ho veus, carinyo?” cargados de mala leche y desamor.

En ese momento he visto como empezaba el día, de mal, que después de este discurso deshonesto lleno de violencia sutil llegarían los gritos y llantos… y he dicidido irme a dar una vuelta… mientras me ponía las botas y le decía a Jordi que necesitaba respirar y airearme, mi mente me saboteaba: hace frío, no dejarás los niños con Jordi que se encuentra mal, está todo nevado y total no servirá para nada, luego volverás de igual mal humor, etc, etc…
Pero no he escuchado, por primera vez quería hacerlo diferente, a ver que pasaba. Alguna vez lo había hecho pero no había sido decisión previa al desastre sino al final del día salía cuando ya todo estaba en llamas… y necesitaba cargarme de aire.

He salido decidida, caminaba deprisa pero luego he dicidido correr, montaña arriba, y con toda esa rabia, ira, malhumor pisaba fuerte contra la tierra, descargaba en cada pisada, respiraba fuerte exhalando toda la tensión de mi cuerpo, corría deprisa y con rabia… ni saber cuanto he corrido. A medio tramo mi cuerpo y mi respiración han hecho un cambio, respiraba y corría fluido, sin peso, sin carga, ahora ya había soltado todo el mal rollo interior, toda la tensión y el mal humor. Ahora disfrutaba del camino, he aminorado y caminado varios tramos, he parado a ver el paisaje, he respirado hondo y quitado las botas para tocar la tierra. Y he vuelto. Corriendo, ligera.
He llegado a casa y me he dado una ducha fantástica, me sentía los músculos, la respiración, el cuerpo, el alma…
Y después todo el mal humor se había diluido, la ira, la rabia, el desborde habían desaparecido por arte de magia! Un milagro!

Hoy ha sido un domingo genial, aunque Jordi esté enfermo, aunque no hemos hecho lo que teníamos previsto, aunque haga frío y no haya casi carga en las baterías… me ha parecido un día perfecto!!!

Y los niños lo han disfrutado tanto… los miro y veo que ellos tienen esta capacidad de saber lo que necesitan, moverse, respirar, llorar, gritar, irse, jugar, volver, estar solos, hablar, patalear… y luego como si nada hubiera pasado, siguen tal cual. Yo alucino cuando mis hijos han tenido una gran discusión, se han peleado, se han pegado, han gritado, pataleado, llorado y cuando yo todavía estoy hablando del conflicto, averiguando de donde nace, quien estaba en desequilibrio y demás, ellos estan jugando a coches tan tranquis, juntos, riendo…

Tenemos tanto que aprender de ellos, volver a conecatarnos con nuestro verdadero yo, con nuestras verdaderas necesidades, con la vida, con el alma que sabe qué necesito y como colmar esa necesidad y así equilibrarme o si es necesario reequilibrarme.

PD. Creo y siento que esta claridad y fuerza para hacerlo diferente, para probar nuevas maneras, para prever, para anteponer y sobretodo la voluntad de cambiar es posible, entre otras cosas, a que llevo 20 dias sin consumir azúcar. (Pero esto os lo explicaré en otro post)