La culpa y el merecimiento

En este proceso de tosferina de dos de mis hijos he tenido dos dias de bajón. Me he resistido a capa y espada a aceptarlos. Un sentimiento conocido se despertaba en este proceso… la culpa.

Me sentía mal de necesitar estar tirada en el sofá, tranquila, de querer dormir más o querer mirarme una peli sola y sin interrupciones…

Muchas mujeres me escriben para decirme que quieren tener su espacio diario de yoga pero no pueden, sus hijxs no les dejan, si es temprano se despiertan, pero en otros momentos lloran, les interrumpen, se enfadan… Cuando se toman ese tiempo.
Yo les digo que prueben otra cosa a parte del yoga, danza, meditación, una bañera larga y placentera o un paseo a solas… y lo mismo, lxs hijxs no quieren, no les dejan, no se quieren quedar con su padre o patalean cuando ven atisbos de movimiento de la madre.

Me reconozco en ellas en otras etapas de la maternidad.

Con el Yoga aprendí que ellos no son los que no “nos dejan” o “no nos dejan”, consciente o inconscientemente, somos nosotras las que no nos damos el permiso de tener estos momentos y espacios.

Cuan dañada está nuestra autoestima que no sólo nos sentimos culpables de tener tiempo para nosotras, sino que nos sentimos mal de quererlo. .
Nos sentimos mal de querer estar ratos sin sostener, sin cuidar a otrx o sin estar presente para nuestrxs hijxs… sentimos que huimos de ellos, que los rechazamos o les abandonamos… nos sentimos extrañas al querer priorizarnos, de anhelar espacio para no hacer nada o todo solas, de querer cuidarnos o mirarnos… y que eficaz es la culpa que consigue que no lo tengamos.

Mi gran maestro en esto es mi marido, vaya, los hombres en general, durante este proceso en casa, él se ha dado sus espacios, pequeños, adecuados a la situación que vivimos, pero los ha cogido sin pedir permiso ni a mi, ni a mis hijos. Y ha vuelto vital, renovado y lleno. Y yo me pregunto… Desde donde doy? Desde el sacrificio?

Hacía tiempo que no la sentía tan clara la culpa.
Y pienso… que sutil es la culpa que se cuela por las rendijas del miedo y la inseguridad… La culpa tiene más fuerza cuando son los hijos son bebes y tememos que los estemos abandonando, cuando estan enfermos, cuando volvemos al trabajo o trabajamos “demasiado”… y seguimos, excusa tras excusa, sin darnos el permiso para cuidarnos y amarnos, sin darnos el permiso para sentir que lo merecemos.

Qué importante es aquí la tribu, una tribu en la que confies plenamente, con la que tus hijxs tengan vínculo, para dejar a tus retoños y saberlos cuidados y amados y así poder entregarte a tu cuidado.

En mi espacio de yoga lo sentía claro, pero parece que tengo que trasladarlo a la cotidianidad y poner mirada en estas finas grietas diarias por donde sutilmente se me cuela la culpa y me quita el permiso.

Recordemos siempre que el permiso no nos lo dan ellxs nos lo damos nosotras, y sí, nos necesitan, pero nos necesitan vitales, brillantes y llenas.

Al final del tunel… tierra

Entiendo cuando me dijiste, tantas veces, que me protegiera, ahora lo entiendo…

Cuando crias y amamantas, cuando gestas, cuando cuidas, cuando atesoras la infancia, cuando te acercas a la inocencia, a la humildad de ser, a la pureza de lxs niñxs y te entregas, te abres para dar y permitir, para ser y sostener…

Te tienes que proteger…

Porque la inhumanidad se ilumina, la dureza, la injustícia, el desequilibrio, el desamor emergen como salvavidas en un naufragio…

…y duele.

y te dicen protégete… con lo tuyo es suficiente, lidiar con el puerperio es mucho… no sumes desequilibrio…

y no te proteges…

…en este mundo protegerse es aislarse… con lo tuyo…

y duele.

Sientes cómo tu anterior mundo se derrumba, despiertas en una pesadilla de realidad, y nunca es fácil seguir mirando, seguir quieta, mirando…. y … si el ancla es suficiente, si el sostén aguanta, si la fuerza persiste, te quedas y ves la luz y la sombra a partes iguales y el mundo te parece más oscuro que nunca, insuficiente para dar a tus crias un lugar donde crecer sanas, amorosas…

Ves su luz… y también la oscuridad que les rodea…

Tu realidad interior emerge, esa de la que has huido tantos años, la mochila que llevabas detrás para no verla, empieza a abrirse sin permiso, y sientes su peso, y te invade de sensaciones y dolores que no tienen nombre, de lágrimas sin control, de rabia desatada… pero te resites. La escondes en el último agujero, ese por el que han salido tus retoñxs.

Pero ya se ha abierto la caja de pandora sin música ni confetti.

Y tu exterior toma su forma. Y aunque corras todo lo que ves tiene su textura, color y olor. Y te ahoga. y sigues huyendo como si no fuera tuyo…

Ahora lo entiendo, entiendo por qué me decías que me protegiera, con lo mío tenía suficiente. Pero tranquila, no he huido, me he quedado lo suficientemente quieta para ver mi reflejo…

…y darme cuenta al final del tunel… hay tierra.

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no con mi ejemplo!

Mi cuerpo ha pedido alto y claro qué necesita y he dicido dárselo, sin miramientos, he decido parar! Dejar de hacer. Principalmente mi trabajo, pero también cosas de la casa, delegar y soltar.
A mi mente le ha costado un poco ceder ante las demandas y necesidades de mi cuerpo embarazado. Siempre encontraba una excusa para decir: bueno espera y probamos, seguimos y ya vemos. Pero mi cuerpo es sabio y me ha mandado las señales adecuadas para decir hasta aqui! y sin ir a mínimos, es decir, dejar  de hacer lo mínimo para sobrevivir y estar más o menos bien, no! este bebe y yo nos merecemos estar muy bien para seguir este proceso. Y que nazca en el mejor entorno físico y emocional.

Y no, no me voy a sentir culpable, ni débil, ni floja, por escuchar mi cuerpo y sus necesidades, no le voy a hacer este regalo al patriarcado que domina este sistema social y económico, no voy a desconfiar de mi cuerpo pensando que tiene defectos de fábrica y no sirve, ni voy a pensar que es caprichoso en demandas, ni es vago… antes desconfio de las obligaciones para con este sistema que no nos nutre ni nos respeta, del ritmo que nos “obliga” a llevar y de las creencias que nos inculca desde pequeñas.
Mi cuerpo no es débil ni flojo porque no pueda con todo, tiene unas necesidades claras para gestar este bebé, no es mi cuerpo el que está equivocado por demandar lo que necesita, es el entorno (artificial) que lo acompaña el que no está a la altura…  No voy a desconfiar de él ni a dudar de su capacidad de gestar, parir y criar a mis hijxs, y decido seguir su sabio consejo para ponerme a favor del proceso de crear un bebé, que él sí sabe cómo hacer y que mi mente y, queda claro, que el sistema no saben.

El error, lo que funciona mal es el sistema socioeconómico que nos exige renunciar a vivir con dignidad, y nos obliga a sobrevivir con una salud mediocre, una felicidad dependiente y una plenitud inexistente. Un sistema que te exige que renuncies a la conexión con tu cuerpo y las señales que te indican qué necesita para estar bien, en plena forma, rebosante de salud, y así andamos, yendo a trabajar con síntomas, encargándonos de todo con cansancio acumulado, tirando de un carro que no sabemos ni a donde va, y lo peor sintiéndonos culpables sino llegamos y dudando de la capacidad de nuestro cuerpo para vivir plenamente o para gestar y parir por que se pone enfermo o se contractura o te muestra con señales de dolor qué algo no funciona.

No! No les voy a enseñar a mis hijos a renunciar a lo que son, sienten y necesitan en cada momento y en cada etapa de su vida en pro de un sistema economico que nos denigra como seres. No con mi ejemplo!
Mi necesidad es clara, estoy creando un bebé en mi vientre. De dos células he transformado y transformo energia,  creo células nuevas que se convertiran en organos y tejidos que formaran un bebé sano y lleno de vida, y eso no es poca cosa, aunque el sistema patriarcal lo menosprecie.
Además tengo tres hijos, que también tienen necesidades, y además soy autónoma y trabajo en algo que requiere energía y dedicación, amor y acompañamiento. Os habéis fijado que sólo te dan la baja, a quien tiene el privilegio de acceder a ella, si estás enferma o tienes síntomas físicos, es decir dolencias, que te impiden trabajar estando embarazada, por que no miran lo que el cuepro de una mujer embarazada necesita y se ponen a favor del proceso de gestación y dejan de esperar a que se ponga enferma para que pare y se cuide nutriendo así la imagen social y el cliché de que una embarazada es sinónimo  de enferma y débil.

Decido escuchar el cuerpo y sus señales, decido soltar la culpa y el complejo de debilidad. Porque eso no es nuestro eso es el resultado de la violencia que el sistema patriarcal ejerce sobre las mujeres. Si no obecedes o pasas por el aro, eres el sexo debil, eres culpable por no poder con todo, gestar no es para tanto, y como parir no sabes ya lo hago yo por ti…

El sietema está podrido, lo sabemos, es machista, lo sabemos, y es importante que dejemos de alimentarlo con nuestra manera de hacer, con el dichoso sentimiento de culpa, de la desconfianza interna que sentimos tantas veces y sobretodo con las decisiones que tomamos. Y sé que no es fácil… para mi  parar el trabajo no es fácil, dejar de ganar dinero no es fácil, delegar no es fácil, soltar no es fácil… pero por que no nos lo ponen fácil, por que el sistema está creado de tal manera que no te sea fácil y no lo hagas.

Será qüestión de que entre todas empecemos a organizarnos y a hacernos las cosas fáciles!!!

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los segundos, terceros o cuartos…

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Cuando nos quedamos embarazadas del segundo (o el tercero o cuarto), aunque sea buscado y deseado, muchas veces, nos invade una pequeña culpa… por el otro o la otra hija. De repente, sentimos que se nos divide el corazón. Nuestro nuevo estado prevalece delante de él o ella?  Toda la presencia, mirada, atención que le dimos al primero cuando estaba en nuestro vientre vamos a poder dárselo al segundo? y si lo hacemos… dejaremos de atender, mirar y amar al primero con la misma intensidad?

He sentido esa culpa en todos mis embarazos. Esa sensación de tener que elegir… o de dividirme a ratos, hacer turnos de necesidades, ignorar necesidades del cuerpo en pro del otro, por que… “pobercito”… Atender desde la culpa, lactar desde la culpa, desatender de repente por que el cuerpo no da más. Siempre sumergida en la dualidad: o ellos, mis hijos ya nacidos, o mi estado: el ser que habita mi vientre y yo. Sus necesidades o las mías.

Nunca sentía el derecho a priorizar el embarazo y sus necesidades, como lo hice con mi primer hijo. Siempre sentía que tenía que llegar a todo, a todos, sí o sí, a costa de mi, claro, desde la mente, la programación, la planificación, desde la dualidad de o yo o el resto. El resto siempre iba delante.

Hasta ahora.

Un día me llega la imagen de un bebé recién nacido y me despierta ese instinto ignorado por la mente y la culpa. Recuerdo la fragilidad y la fuerza de cada uno de mis hijos al nacer, cómo agarran con fuerza el pezón y cómo su piel es tersa, rosada, frágil. Ese momento en que todo está por hacer y todo es posible. Que tus brazos son su seguridad y tu piel y tu olor su hogar, ese momento en que mirarlo es lo único que te apetece. Cuando sientes que depende de ti y eso no es una carga, sinó un placer, tan pequeñito, tan lleno de vida. Ese momento en que se lo das todo sin nada a cambio, ese momento en que comprendes qué es la entrega. Ese momento en que él es tu prioridad en la vida.

Ha vuelto ese instinto olvidado, sentir el embarazo en plenitud y sentir la presencia de mi vientre latir en todas mis células. Ha despertado la fuerza de la importancia del momento que vivo. Reconocer el nuevo ser que se forma en mi interior con mi energía, mis pensamientos, mi presencia… Ese ser frágil y fuerte a la vez, que se convertirá en personita y que llegará aquí a través de mi.

Y comprendo que estar embarazada no es una cosa más que te pasa en tu dia, además de la reunión de trabajo, de la comida que tienes que preparar, de la conversación pendiente con tu pareja, ni la adaptación de tu hijo, no es una cosa más, es una estado en el que estás. No es algo externo, que viene y se va,  que se cuida a ratos, o se atiende cuando se puede… Estás en el estado de creación de un ser. Y todo es diferente.

Una embarazada no es una enferma, ni una lisiada, pero tampoco es una mujer en el que el ciclo normal reine su día a día. Tu ciclo se para, abres un espacio de nueve meses en que no estàs como siempre, estàs gestando!.

Bajo el emblema de que no somos enfermas seguimos trabajando al mismo ritmo, dando hacia fuera de la misma manera, atendiendo lo de siempre pero sin estar como siempre. Bajo la bandera “feminista” de que no pasa nada, sólo estás embarazada… seguimos al mismo ritmo ignorando las señales del cuerpo, aparentando seguir cómo siempre con la única diferencia que tienes una barriga redonda y llena, y  sentimos la culpa de querer parar pero no tener un buen motivo para hacerlo… Si encima tienes más hijos… apaga y vámonos.

Esta vez lo siento diferente, quizás por que siento que esta vez sí será el último, quizás por que la edad y experiencia de tres algo enseña, quizás porque el yoga ordena mis prioridades acallando las de la mente…

Este estado lo llena todo y es eje de mis días, ahora sí. Y sí, también tengo tres hijos más que atender pero quién dice que no los podemos atender desde este estado? Respetándonos y atendiéndolos en la misma medida y a la vez? A otro ritmo, de otra manera, cambiando dinámicas, apoyándonos en la tribu, en la comunidad, soltando la expectativa, bajando la exigencia, de ellos y la nuestra… Por qué sentimos siempre que o ellos o nostras? por que no puede ser todo?

Quizás es que tenemos demasiado inculcado que si te atiendes desatiendes lo de fuera, que si te priorizas eres egoista, que si te cuidas descuidas a todo lo demás, que si has decidido quedarte embarazada apechugas… y sinó lo has decidido haberlo cuidado.

En muchos momentos ya he sentido la necesidad de cuidarme para cuidar, de atender mis necesidades para realmente entregarme a las de mis hijos… pero estando embarazada sigue resurgiendo la idea de “o ellos o yo”, la culpa de volver a abandonarlos en pro de otro bebé que necesita más, que requiere de más presencia y cuidado. Así que el embarazo tiende a ser un esfuerzo por atender lo que crees que después, una vez nacido, no podrás. Pero no nos engañemos cuando nazca estaremos en el mismo lugar de culpa y seguiremos atendiendo y desatendiendo a partes iguales por que no integramos la idea de que todo es posible, que todo a la vez es posible de otra manera, soltando muchas cosas y pidiendo ayuda, claro!
Y sobretodo: confiando! En que los otros hijos tienen las herrmientas para afrontar el cambio, para integrarlo, para acoger tu estado, tu manera nueva de estar… Les dimos lo que necesitaban en su momento, el amor, la presencia y los cuidados que crearon la base de una buena autoestima, un vínculo irrompible, elástico y adaptable a los momentos de la vida. Y me entrego a que sigan enseñándome en este nuevo estado, a darles la oportunidad de crecer de este nuevo reto.

Vuelvo a conectar con la magia de la creación, con el poder de la creación, veo mis ojos brillar de esa manera especial, me siento llena sin hacer nada y con el impulso de cuidarme, de escucharme, de sentir cada fase del embarazo con presencia, dedicándole la energía que requiere… Y sí, le he pedido a mi pareja que sostenga él un poquito más la casa y los niños para poder centrarme en el embarazo, y él va a tener que reorganizar sus cosas, claro, pero por qué no? Él también participa, a su manera, de este embarazo, con su energía y con sus habilidades.

Un bebé vive 9 meses en el vientre, los nueves meses más importantes de su vida, una sola vez, no repetirá la experiencia… y no se merece ser el centro? Y yo también siento eso como mi necesidad, de hecho, la naturaleza así lo prevee, y las señales del cuerpo son claras cuando no escuchamos esa necesidad.

Ahora vivo a otro ritmo, uno que acoge todo, que me permite estar más cerca del cuerpo que de lo socialmente bienvisto, aun así hasta ahora no me he dado cuenta que sutilmente estaba en la dualidad, otra vez, o ellos o yo. Pero ya voy entendiendo que cuando te priorizas… no significa no hacer nada, no trabajar o no estar con ellos… significa hacerlo desde el lugar en el que estoy, sin pretender ser o estar diferente, escuchando mis ritmos y mis verdaderas necesidades de recogimento y apertura, de movimiento y descanso, integrando a mis hijos y el trabajo en mi nueva manera de hacer y estar, y no al revés, descubriendo nuevas maneras de hacer las cosas, y permitiendo que me sorprenda el resultado en vez de controlarlo.

Ahora priorizo este estado por encima de TODO! Sin culpa, sin remordimiento, sin miedo.

 

La tristeza que va y viene y se queda

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A veces, aquí en el paraiso, aunque salga el Sol, estoy triste.

A veces las emociones llegan y se quedan un tiempo. Algunas me cuestan más que otras y la tristeza es mi punto débil, intento echarla de todas las formas posibles, la evito con evasión, la ignoro con distracciones, es decir, con el hacer, hacer y más hacer. Pero a veces se instala y se acomoda. Entonces intento echarle la culpa a algo o alguien, el trebajo se lleva el primer lugar, echarle la culpa al trabajo hasta ahora era fácil, pero ahora ya no, me encargué en momentos de lucidez que me apasionara, que me llenara y ya no puedo usarlo como excusa. El segundo lugar por excelencia es mi pareja, él se convierte en el saco de las culpas de mi tristeza y de mi infelicidad. Una amiga descubrió mi trampa (y la suya) y se preguntó en voz alta: y si él se va y la felicidad no vuelve?

Él, un día, decidió no abandonar el barco aunque la tristeza sople las velas y yo descubro, una y otra vez, mi estrategia: personificar mi dolor y deshacerme de él haciéndole las maletas.

 

Decido quedarme.

 

Y la tristeza no se va.

 

Es lo que nos pasa a los que tenemos traumas infantiles, que no somos pocos, que de vez en cuando el alma decide sanarse un poquito, dejamos, sin querer, espacio y tiempo y la emoción de antaño se expresa y sin pedir permiso, sale a la luz invadiendo y tiñendo el día a día de gris.

Lo que más me cuesta es aceptarla, permitir que se quede el tiempo que necesite sin miedo a creer que será para siempre. La controlo en tiempo e inetensidad para que no se expanda demasiado y la reprimo y manipulo dejando a mi cuerpo sin energía.

Miro por la ventana y veo la luz gris de la luna llena, iluminando el campo. El gris depende de cómo lo mires es bonito.

Por primera vez me aflojo y pienso en cuidar esta sensación que me inunda, no voy a rechazarla, permito que esté conmigo el tiempo que quiera, no lucho, la abrazo, le sonrío… Y descubro que tiene muchas cosas que contarme y que en un día no vamos a tener suficiente, así que le he hecho un hueco en mi cama y cada noche le doy las buenas noches, me susurra una sonrisa y siento que ya no lo tiñe todo ni lo inunda todo por que sabe que tiene su lugar y es bienvenida siempre que quiera.

Acompañar sin sobreproteger

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Ephoto by Jordi Soler Quintana

Muchos piensan que sobreprotegemos a nuestros hijos cuando los llevamos en brazos hasta que ellos deciden, cuando dormimos con ellos aun con edad avanzada, cuando damos teta hasta que caminan o corren o leen, cuando no castigamos, cuando los abrazamos después de agredirnos, cuando no chantajeamos para que se comporten…

La realidad es bien diferente… qué es sobreproteger, en realidad?

Todos ejercemos la sobreprotección con nuestros hijos, cuando queremos evitarles el dolor, las dificultades, las trabanquetas de la vida, si las entendemos así, los conflictos. Todos sobreprotegemos cuando hacemos por ellos, cuando decidimos por ellos, cuando acallamos y disimulamos sus emociones, las nuestras… por su “bien”(o el nuestro)…

Los niños han venido a vivir la vida y nosotros no podemos evitarles la vida… sería ir contra propósito vital. Ellos han venido a experimentarla en su amplio espectro, en todo su riqueza de experiencias y vivencias. Por qué nos empeñamos en no querer verles ante dificultades, ante el dolor, ante los retos que la vida nos presenta?. El dolor es la vida misma, la dificultad es un peldaño y una oportunidad, los retos son necesarios para su
crecimiento interior…

Qué nos pasa a los padres que queremos evitárselo a toda costa, acallando sus emociones, reprimiendo sus expresiones de dolor, de rabia, de ira, de alegría, de excitación… El dolor está, la dificultad existe, la tensión se produce y necesita ser expresada y acompañada.

La vida es un constante aprender, y para aprender sales de tu zona de confort y salir de tu zona de confort significa: miedo, duda, pérdida, riesgo, ganar y perder… y eso conlleva momentos de tensión y también de calma, sobretodo cuando eres niño, porque estás
experimentando, conociendo, saliendo al mundo, aprendiendo, poco a poco…  a su ritmo.

Y cuando se arriesgan, cuando salen, cuando deciden, cuando rompen, les pasan cosas y necesitan expresarlas, no les reprimamos ese expresar por que entonces desde el buenhacer de padres para evitar verlos tristes, llorando, patalendo, expresando, gritando, saltando, corriendo… les reprimimos el flujo de la vida.

Recuerdo cuando quería que mis hijos fueran estables, felices, sin conflictos, internos ni externos, sin sube y baja… y fuimos a la escuela libre para que en la libertad de ser quienes eran, desaparecieran todos esos conflictos… y recuerdo que no disminuían… seguía habiendo conflictos, rabietas, expresiones de dolor, de rabia, de tristeza, de miedo, de angustia, de alegría, de excitación… También había momentos de creación, de crecimiento, de risas, de silencios, de abrazos, de construcción… pero, qué es la vida sino?

La vida pasa a través de ellos más que de nadie porque ellos viven el momento presente más auténtico.

Entendí entonces que los conflictos no son negativos, los conflictos son conflictos cuando yo los miro así, desde mi conflicto interno, dese mi desconexión.

Sobreprotejo cuando intento que vivan sólo la parte “bonita” de la vida… pero la parte bonita que mis ojos ven e interpretan, la parte en que siempre estan tranquilos, en paz, alegres (pero no excitados), sonriendo, brillando…  mis ojos del miedo son los que ven que esa parte es la buena y que hay una parte “mala” en la vida…. mis ojos del corazón abrazan todos los momentos, estados y colores, del blanco al negro… El corazón acepta la vida en su esencia divina… completa. Por que voy a privar a mis hijos de verla también, porque les voy a negar la oportunidad de abrazar la luz y la sombra de la vida condenándolos a juzgar su sombra y sobrevalorar su luz, llevándoloes al camino interminable de ser mejores…

Los niños necesitan aprender qué es una emoción, qué le pasa, cuando y cómo, aprender a manejar y gestionar, que no reprimir, sus emociones. No los acallemos, expliquemos les qué les sucede, cómo canalizarlo, cómo no hacerse daño expresando, cómo escucharse y no engancharse, cómo relajarse, cómo conocerse y sobretodo como amarse.

Y a nosotros qué nos pasa con sus emociones?
Sabemos enseñarles a gestionar sus emociones?  Sabemos cómo gestionar las
nuestras? Nos conocemos lo suficiente para saber cuando y cómo aparecen? Cómo respirar,
como escucharnos y no engancharnos a ellas, como canalizar la energía…? Cómo aprender
del mensaje de las emociones, cómo reconocerlas cuando aparecen…?

Ahí está la clave, desde ahí es desde donde podemos cuidar sin sobreproteger, podemos acompañar sin controlar (ni reprimir), desde nuestro conocimiento de las emociones y de su gestión.
Y cómo les enseñamos? Con el ejemplo!
Si un niño pierde los papeles, nosotros mantenemos la calma o perdemos los papeles? nos ponemos a su altura, gritamos, aporremos la puerta, contenemos violentamente, castigamos? Cuando nos suceden cosas en la vida cómo reaccionamos, cómo gestionamos, cómo vivimos las emociones? Por que recordemos que nuestros hijos son espectadores de todos esos momentos

Cómo van a saber qué hacer con esa emoción si nadie les muestra? Con tu ejemplo o con tu acompañamiento… cómo van a saber si cuando explotan en una emoción nadie les dice, con el cuerpo: tranquilo, esto que te pasa es normal, es rabia, te amo aquí también, ámate
aquí, yo también la siento a veces y a mi me va bien hacer esto o lo otro… para
no hacerme daño ni hacérselo a los demás.

Eso es proteger a nuestros hijos, darles herramientas para que cuando las vivencias de la vida los sacudan puedan mantener el equilibrio interno, sentir la luz aunque no la vean, por que confían, por que saben que las emociones pasan, que el silencio es el mejor
compañero de uno mismo, que el amor es lo que perdura siempre!

Expandiendo otra manera de educar

El pasado sábado tuve el placer de participar como tallerista en las I Jornadas de Educación Viva En la UAB (Universidad Autònoma de Barcelona).

Unas Jornadas perfectamente organizadas, muy interesantes i inspiradoras. Dos dias llenos de inspiración, de alegría y motivación. Conociendo a mucha gente con la que compartimos camino, el camino de educar de otra manera, respetando a l@s niñ@s por encima de todo.

Realicé una conferencia-charla sobre Aprendizaje Autónomo, protagonistas de su aprendizaje. Fue irónico hacerla en una aula de universidad con sillas pupitre y en disposición tradicional de clase magistral, todo lo que no hago con mis hijos…

El aula estaba llena, mayoritariamente, de maestr@ y docente@s, que también eran madres y padres, y algun estudiante. Dos horas charlando y compartiendo como aprenden mis hijos, sin horaris, sin clases, sin seguir el curriculum. Sencillamente respetando sus intereses, sus necesidades, su curiosidad, su ritmo, su forma de aprender… etc. Compartiendo cómo aprenden siguiendo su guia interna y explicando cómo nosotros los acompañamos en SU camino de expresar quienes son.

Cuando me marchaba sentí que la semilla está creciendo ya en la sociedad, que ya no somos 4, que muchos docentes, padres y madres sienten lo que nosotros cuando empezamos, que algo no funciona, que sí es posible aprender sin obligar, que el amor es la base del desarrollo de los niños, que primero son ellos aquí y ahora y no lo que esperamos que sean en un futuro, que la curiosidad es innata y es una necesidad y que para preservarla sólo se necesita observar y respetar el camino a dónde les lleva, y lo más importante: que l@s niñ@s ya son, no han de llegar a ser, porque ya está en ell@s lo que son, ell@s simplemente van a desplegarlo y expresarlo a medida que crezcan. Y que para los adultos es un privilegio descubrir día día lo que ya son, ver cómo lo expresan paso a paso, como se van mostrando y ver el proceso de desarrollo de un ser en todo su potencial.

Agradecida a la vida por estas oportunidades de expandir el mensaje de que otra educación es posible, otro mundo es posible: más amoroso, más respetuoso.

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